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2019 ABRIL - DOMINGO DE PASCUA: SOLEMNE VIGILIA PASCUAL

(S.I. Catedral, 20/21-IV-2019)   "La luz de Cristo disipe las tinieblas del corazón y del espíritu

             Gn 1,1-31; 2,1-2; etc.; Sal 117            Rm 6, 3-11            Mt 28,1-10

¡Esta es la noche santa en que nuestro Señor Jesucristo
pasó de la muerte a la vida
para que nosotros pasemos también!

            Estamos en Pascua. En la Pascua de la Resurrección que sigue, superándola, a la Pascua del Cordero. El Sábado Santo, marcado por el silencio que acompañó el reposo del Señor en el sepulcro en las horas que siguieron a su pasión y muerte, ha dado paso a la explosión de gozo que supuso su resurrección gloriosa. Hay un texto en la Carta a los Efesios que, aunque no se proclama hoy, es muy significativo de lo que estamos celebrando. Su autor, posiblemente san Pablo, después de evocar la ascensión del Señor a los cielos, afirma expresamente que “decir ‘subió’ supone que (antes) había bajado a lo profundo de la tierra; y el que bajó es el mismo que subió por encima de los cielos para llenar el universo” (Ef 4,9-10).

            Esto es, justamente, lo que estamos celebrando en esta noche santa y gozosa que, como afirma la liturgia, “conoció el momento en que Cristo resucitó de entre los muertos” (Pregón pascual).  La oscuridad, imagen de la muerte, ha sido superada para siempre por la luz que nos inunda y ha hecho la noche luminosa como el día. Todo nos invita, pues, al gozo y a la alegría. Desde el rito del fuego encendido a partir de una chispa evocadora del comienzo de la creación del mundo hasta la secuencia de lecturas que hemos escuchado, en las que han resonado las profecías del Antiguo Testamento y el relato evangélico de la resurrección del Señor, nos hemos sentido como transportados en el tiempo hasta llegar a la actualización de estas realidades en el aquí y ahora de vuestra vida.

            Porque la liturgia no es una mera evocación del pasado. Lo que acontece en esta noche santa es realmente una renovada presencia del resucitado entre sus discípulos que somos los fieles cristianos que, en este templo como en cualquier otro lugar de celebración, anunciamos la muerte del Señor y proclamamos su resurrección dando fe a sus palabras y acogiendo su presencia en el evangelio, en la liturgia y en el amor de los hermanos.

        Lo que se anuncia y proclama, se hace después presencia gozosa en los sacramentos que celebramos, especialmente en la iniciación cristiana de algunos hermanos y en la eucaristía que configura y fortalece la incorporación de todos a Jesucristo resucitado. Después de la evocación de los orígenes del mundo, del paso del Mar Rojo por el pueblo elegido por Dios y del anuncio de la resurrección del Señor, llega el momento de hacer efectivo este mensaje en la celebración de los sacramentos de la Iniciación y de la Eucaristía, el gran don de Jesucristo resucitado que se hace presente entre nosotros para renovarnos en santidad y justicia.

         Que en esta noche santa, tanto los que van a ser bautizados como los que ya lo estamos, renovemos nuestra fe y los compromisos de nuestra vida cristiana sabiendo que “por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva” (Rom 6,4). Participemos, pues, gozosamente en esta liturgia que renueva en todos nosotros el gozo y la alegría de la resurrección.

  + Julián, Obispo de León

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