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2019 ABRIL - VIERNES SANTO ACCIÓN LITÚRGICA DE LA PASIÓN DEL SEÑOR

(S.I. Catedral, 19-IV-2019)     "¡Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza!”

            Is 52,13-43-12; Sal 30     Hb 4,14-16      Jn 18,1-19,42

          En este día, celebramos el misterio de la Cruz gloriosa de nuestro Señor Jesucristo, en la que se efectuó nuestra redención. Pero la Cruz fue también un instrumento de tortura particularmente horrible y sangriento, que causaba una muerte lenta y dolorosa. La sola idea de levantar en lo alto una Cruz y mostrarla a quienes no conocen su significado puede parecer un gesto desorbitado y fuera de lugar. Sin embargo, para los cristianos es el recordatorio y el signo de nuestra salvación.

   Por eso colocamos la Cruz rematando siempre presidiendo siempre nuestrnuestras iglesias, presidiendo nuestros lugares de reunión y nuestras aulas. Se colocaba siempre en las casas de los cristianos, generalmente en el dormitorio, la encontramos en no pocas encrucijadas y caminos, presiden las sepulturas de los cristianos y muchos la llevamos por fuera o por dentro del vestido alreredor de nuestro cuello. La Cruz es tan ubicua en nuestras vidas que a veces podemos pasar sin verla.

     Hoy, Viernes Santo, debemos detenernos ante la Cruz para contemplarla y meditar en su profundo significado. Nos invita la liturgia de este día: ¡”Mirad el árbol de la Cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo! ¡Venid a adorarlo!” Es la “Cruz de Cristo”, la “señal del cristiano”. “Cruz gloriosa” porque el Hijo de Dios la tomó sobre sí, cargó con ella, fue clavado en ella, clamó al Padre desde ella, pidió perdón para sus verdugos en ella y, finalmente, después de confiarnos a su Madre estando todavía en ella, entregó el Espíritu Santo que lo había acompañado en su misión terrena.

    Por eso la Cruz es santa. El Hijo de Dios la tocó y la llevó haciendo de ella el compendio de su obra redentora y la fuente permanente del agua viva del Espíritu Santo. Desde entonces, como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, “al comienzo de una celebración señala la impronta de Cristo sobre el que le va a pertenecer y significa la gracia de la redención que Cristo nos ha adquirido por su cruz” (CCE 1235).

    Un poeta lo expresó de este modo: “La Cruz lo atrae todo. Es el punto que no se puede deshacer, el nudo que no se puede disolver, (...) el centro y el ombligo de la tierra, el centro de la humanidad en el que todo se mantiene unido” (Paul Clodel).

   Cuando dentro de unos momentos la Santa Cruz sea entronizada en nuestra asamblea, atendiendo la invitación del ministro, adoremos profunda y sinceramente este signo de dolor y de gloria y, sobre todo, de amor y de esperanza:

Tu santa Cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos. 
Por el madero ha venido la alegría al mundo entero.

 +Julián, Obispo de León

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