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2019 MAYO - "SAN PABLO VI Y EL MES DE MARÍA"

Queridos diocesanos:

            Estamos en el mes de mayo, mes dedicado por la fe y la devoción popular a la Santísima Virgen María. Pensando en el posible tema para esta carta, he recordado que el  todavía recientemente canonizado papa Pablo VI publicó uno de sus primeros escritos pastorales -la encíclica “Mense maio” con fecha de 29 de abril de 1965 (II año de su pontificado)- acerca de lo que denominó “una muy grata y consoladora práctica tan honrosa para la Virgen y tan rica en frutos espirituales para el pueblo cristiano”. Con evidente gozo reconocía que en dicho mes se ha ofrecido siempre a Nuestra Señora en las iglesias, en las casas particulares y especialmente en el corazón de los fieles cristianos “el más ferviente y afectuoso homenaje de su oración y de su veneración”. Creo que merece la pena recuperar este sencillo testimonio de uno de los más grandes y santos pastores de la Iglesia en el pasado siglo que, entre otros méritos, supo conducir a puerto el Concilio Vaticano II y encauzar sus principales reformas.

         Aparte las numerosas referencias marianas a lo largo y ancho de su magisterio, san Pablo VI dedicó expresamente a la Santa Madre de Dios algunos documentos además del ya citado “Mense maio”. En efecto, cuando todavía se estaba desarrollando el Concilio iniciado por su predecesor san Juan XXIII, el papa Montini publicaba su primera gran encíclica, “Ecclesiam suam”, el día 6 de agosto de 1964, curiosamente el mismo día en que ocurriría su santa muerte acaecida catorce años después. En dicha encíclica, después de afirmar que la Iglesia debía sobre todo verificar y reforzar su fidelidad total a Cristo sin tener miedo de renovarse -Pablo VI no dudó en hablar de “reforma”-, dedicó un amplio párrafo al culto mariano proponiendo a María como “modelo de la perfección cristiana, espejo de las virtudes sinceras, maravilla de la verdadera humanidad”. Más adelante el papa se refería al culto mariano como fuente de la vida cristiana: De María “quisimos derivar la enseñanza de la autenticidad cristiana, y a Ella también ahora volvemos la mirada suplicante, como a amorosa maestra de vida, mientras razonamos con vosotros, venerables hermanos, de la regeneración espiritual y moral de la vida de la Iglesia.

         En octubre de 1966, en la encíclica “Christi Matri”, dedicada al Santo Rosario, san Pablo VI imploraba a la Madre de Dios que mirase “con maternal clemencia a todos tus hijos”. Y añadía: “Atiende a la preocupación de los sagrados pastores que temen que la grey que les ha sido confiada se vea lanzada en la tempestad de los males de este mundo; atiende a las angustias de tantos hombres, padres y madres de familia, solícitos por su suerte y la de los suyos. Calma las mentes de los que sufren e inspírales pensamientos de paz; ruega para que Dios, movido a misericordia, restituya las gentes la tranquilidad deseada y conduzca a todos hacia una verdadera y perdurable prosperidad”.

            Pero fue, especialmente, la Carta Apostólica “Marialis Cultus, publicada el 2 de febrero de 1974, el documento mariológico más celebrado, sin duda, del Papa Montini, de manera que ha tenido una notable repercusión e incidencia en la devoción mariana, enfocada en la doble perspectiva bíblica y litúrgica. Este importante texto puso de relieve y destacó determinados temas que han ayudado no poco a conocer más en profundidad el misterio de la Madre de Dios, como el valor de su actitud de fe, la dimensión de su presencia maternal en la Iglesia, los rasgos de identidad de su figura evangélica, etc. Sin duda su lectura sigue teniendo actualidad también en nuestros días.

+Julián, obispo de León

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