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2019 JULIO - "HISTORIA SENCILLA DE UN CURA DE PUEBLO"

Queridos diocesanos:

            Esta carta para “Iglesia en León”, correspondiente a la primera quincena de julio del año en curso, no es la que pensaba escribir. He cambiado de argumento al enterarme del fallecimiento de D. José Prado del Blanco, párroco emérito de Reyero, a los 91 años de edad y 67 de ministerio en la misma parroquia atendiendo también otras cinco. Su muerte me ha conmovido como la de otros esforzados sacerdotes que he tenido la suerte de conocer y cuyas exequias he oficiado. Lo comprenderéis en seguida.

            Don José se jubiló oficialmente el 19 de junio de 2017, pero antes me escribió una carta con fecha 13 de junio del mismo año, “día de san Antonio” como así figura en el texto. Decía así: “Querido Sr. Obispo: Me dirijo a V.E. para indicarle que dado lo muy avanzado de mi edad, son ya 89 años largos, que llevo sirviendo, ejerciendo de pastor de estas comunidades del valle de Reyero, me siento ahora muy disminuido de fuerzas para continuar en esta labor pastoral, por lo que me veo obligado a presentar renuncia a las mismas, y quedar liberado de toda obligación, si bien, dada la escasez de sacerdotes en la Diócesis a prestarme aún mientras pueda a celebrar una Misa en los domingos y días festivos, para que puedan asistir de los pueblos del valle quienes quieran hacerse presentes a la celebración. Suyo afectísimo: José de Prado”.

             Don José, hasta su reciente traslado al hospital donde ha fallecido, habitaba una casa que él mismo había diseñado y se sentía querido y acompañado por sus feligreses. No le preocupaba la soledad ni le asustaban los fríos del invierno ni los extremos calurosos del verano. En marzo de 1977 el obispo de León, Mons. Luis Mª. Larrea (+), le escribía anunciando la visita pastoral con esta indicación: “Espero que la nieve no impida las visitas proyectadas para esta semana”. Ese mismo año, el propio D. José se dirigía al secretario del Obispado informando de algunas dificultades con motivo de la atención de una parroquia. Al final terminaba así: “Que Dios nos siga dando fuerzas para luchar, que me parece que las voy a necesitar dobladas en la coyuntura que me toca vivir en este rincón de la montaña del Porma”

             Pero si esto escribía D. José, he aquí lo que pensaban sus feligreses: Otro curioso papel, con fecha de 30 de mayo de 1958, contiene una carta dirigida a Mons. Luis Almarcha (+), que dice así: “Con motivo de haberse confirmado entre nosotros, la estancia como párroco de nuestro querido sacerdote D. José de Prado del Blanco, las Juntas vecinales, maestros y alcalde del Ayuntamiento, en representación de las parroquias de Reyero, Primajas y Viego, que tan meritoriamente viene regentando durante seis años, se complacen en testimoniarle a V.E. nuestra gratitud y adhesión, a la vez que nos felicitamos por ello y reiteramos nuestra incondicional adhesión a nuestro dignísimo sacerdote y a su celosa labor ministerial. Lo que nos es muy grato comunicar a V.E. para propia satisfacción y unánime adhesión a la nuestra. Besan el Anillo Pastoral de V.E.”. Siguen las firmas.

            La vida terrena de D. José se ha apagado como una lámpara a la que se le acaba el aceite, dejando un tenue hilo de humo subiendo al cielo. Pienso que este buen cura habrá escuchado ya el “Pasa al banquete de tu Señor…”.  No ha sido el único párroco de pueblo que ha consumido su vida así, pero el hueco que dejó sigue sin llenarse.

+Julián, Obispo de León    

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