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2019 JUNIO - "TU COMPROMISO MEJORA EL MUNDO"

Queridos diocesanos:

            Al acercarse la solemnidad del “Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo”, este año el domingo 23 de junio, sin olvidar los motivos litúrgicos y religioso-populares que nos inducen a celebrar y agradecer la inigualable presencia del Señor en el sacramento de la Eucaristía, no podemos olvidar su presencia también en los hermanos. Todos conocemos las tremendas palabras del Señor referidas al juicio universal que cerrará la historia de la humanidad: Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme… En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,35.40).

            Permitidme recordaros también unas frases de un gran Padre de la Iglesia, san Juan Crisóstomo, dirigidas a sus fieles en clara referencia a la Eucaristía y a las consecuencias que comprende la celebración y el culto del Santísimo Sacramento: ¿Deseas honrar el cuerpo de Cristo? No lo desprecies cuando lo encuentres desnudo en los pobres, ni lo honres aquí en el templo con lienzos de seda, si al salir lo abandonas en su frío y desnudez. Porque el mismo que dijo: “esto es mi cuerpo”…, afirmó también: “Tuve hambre y no me disteis de comer”, y más adelante: “Siempre que dejasteis de hacerlo a uno de estos pequeñuelos, a mí en persona lo dejasteis de hacer” (Homilías sobre el Evangelio de Mateo, 50, 3-4).

            Fue, por tanto, el mismo Señor, al instituir la Eucaristía, quien vinculó la participación en ella con lo que ha de ser también un compromiso permanente con el amor a los demás, especialmente los más pobres y necesitados. En consecuencia, cada vez que celebramos en la liturgia el importante sacramento que denominamos “del altar”, hemos de pensar también en quienes son así mismo recordatorio personal de Jesucristo. Participar en la Misa y recibir la comunión, supone y exige reconocer también esa otra presencia suya, presencia no sacramental pero no menos significativa y exigente. Se trata de una verdadera consecuencia del celebrar en “memoria” suya.

            La celebración eucarística tiene un momento cumbre cuando el sacerdote “parte el pan eucarístico”  mientras la asamblea recita o canta: “Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo…”. El gesto es transcendental para comprender que la Misa es memoria viva del sacrificio de la cruz significado, por ejemplo, en el pan partido, y que se ha de actualizar y ofrecer una y otra vez para nuestra salvación según el mandato expreso del Señor: “Haced esto en memoria mía”. En este sentido la comunión no solamente lo es con Jesucristo, al recibir el sacramento de su Cuerpo y Sangre, sino también con los demás hermanos. De ahí la importante vinculación entre la Eucaristía y el amor fraterno o caridad práctica.

            Nuestro culto a la Eucaristía, razón primera de la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, es inseparable, por tanto, de la exigencia del amor fraterno, la caridad como actitud interior y como exigencia práctica y visible: Este ha de ser nuestro compromiso. Con mi cordial saludo y bendición:

+Julián, Obispo de León

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