Encuentro Bienal Provincia Eclesiástica

El Encuentro de la Provincia Eclesiástica lanza desde León un mensaje de ánimo a los sacerdotes para seguir siendo agentes dinamizadores de la vida diocesana

Durante tres jornadas en la Casa de Ejercicios de los PP. Dominicos de La Virgen del Camino se ha abordado la realidad de los presbiterios diocesanos y la importancia de su testimonio para “aumentar el patrimonio espiritual “ de la vida de fe

León, 7 de noviembre de 2017

Encuentro Provincia 5 2017Durante tres jornadas el tradicional Encuentro bienal de Obispos, Vicarios, Arciprestes y, en esta edición, de Delegados Episcopales para el Clero, de la Provincia Eclesiástica de Oviedo ha abordado la realidad del presbiterio y ha lanzado un mensaje de ánimo dirigido de manera especial a los sacerdotes de cada Diócesis para seguir siendo agentes dinamizadores de la vida de fe y contribuir a “aumentar el patrimonio espiritual” de cada fiel y de cada comunidad cristiana. A partir del lema elegido por el arzobispo de Oviedo, Don Jesús Sanz, en la convocatoria de este foro, “Los nombres de Emaús. Volver a encender el corazón”, se han ido desarrollando las sesiones de trabajo y las celebraciones litúrgicas tanto en la Casa de Ejercicios de los PP. Dominicos como en la cercana Basílica de La Virgen del Camino, que han contado con setenta y cinco participantes llegados a León en representación de la propia diócesis anfitriona de este encuentro, así como de las diócesis de Astorga y Santander y de la Archidiócesis de Oviedo, que se integran en esta Provincia Eclesiástica.

CELIBATO: CUESTIÓN DE AMOR

Para abordar “la realidad de nuestro clero”, como proponía el arzobispo Don Jesús Sanz, los trabajos de este Encuentro se abrían ayer con la conferencia que pronunciaba la profesora de la Facultad de Teología San Dámaso de Madrid, Carmen Álvarez Alonso, quien abordó en dos ponencias “la dimensión nupcial del celibato sacerdotal para situar este tema dentro del marco teológico, haciendo hincapié en que la virginidad que se vive en el celibato es una propiedad definitoria del misterio de Dios; no es algo que se haya inventad la Iglesia o que cada persona haya elegido por propia voluntad, aunque sí es verdad que hay un llamad, sino que su origen está en Dios; es un don y un camino para alcanzar la plenitud afectiva desde la esponsalidad y la virginidad”.

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Un planteamiento desde la perspectiva de la Teología Dogmática que según la doctora en esta especialidad Carmen Álvarez Alonso ratifica que “el celibato es un don y como don de Dios es perenne, no se amolda pues a modas o a tendencias sociales, pero sí que es verdad y en este foro ha quedado planteada la necesidad de renovar la hermenéutica del celibato desde claves nuevas que son las claves que nos ofrece la cultura actual como por ejemplo el lenguaje del cuerpo, de la masculinidad, para saber adecuar el mensaje que transmite el signo del celibato al la cultura de hoy, un signo que sigue transmitiendo a esa cultura de hoy el amor de Dios y quizá ese signo y lo que transmite hoy la gente no lo entiende, y por ello es preciso trabajar profundizando desde las claves antropológicas de hoy en día en un mensaje que forma parte de la respuesta a la vocación al amor de todos persona, un celibato que es un camino de plenitud afectiva”. Tras las dos ponencias y el diálogo con todos los participantes, la profesora Carmen Álvarez Alonso concluyó su intervención asegurando que “en la cuestión de celibato está en juego no sólo la respuesta personal a Dios, sino la cuestión del amor porque si hoy en día el ideal del amor no es posible y es utópico el cristianismo, que es la religión del amor, y si el amor en todas sus modalidades, en el celibato, en la vida consagrada o en el matrimonio, no es posible entonces Dios que es amor no existe. Y por eso en esta cuestión está hoy en día en juego la idea misma de la vivencia de la fe cristiana”.

CINE Y SACERDOTES

Encuentro Provincia 3 2017Junto con esta perspectiva teológica, en este Encuentro de Provincia Eclesiástica hubo tiempo para acercarse a la mirada que a lo largo del tiempo ha ido proyectando el cine respecto de la figura del sacerdote. Algo que fue posible gracias a la intervención del profesor de la Universidad San Pablo-CEU y responsable del Departamento de Cine de la Conferencia Episcopal Española, Juan Orellana, quien dirigió una sesión práctica en la que fue alternando comentarios personales desde la perspectiva del crítico cinematográfico con la proyección de fragmentos de películas en las que el protagonismo es para los sacerdotes. Según Juan Orellana “el tema de la figura del sacerdote en el cine es muy importante porque en el cine, cuando aparece un sacerdote, normalmente está representando una imagen de la Iglesia en su conjunto y es muy significativo cómo se trata a los sacerdotes en el cine. Y en este momento, contrariamente a lo que podría pensarse, hay muchas figuras muy positivas de sacerdotes en el cine. Si tenemos en cuenta muchas de las problemáticas que en los últimos años han salido a la prensa como denuncias sobre pederastia, dobles vidas, etc, es curioso que el cine, en un momento tan alejado de la fe como el que vivimos,  el cine no se ha cebado en eso, sino que seguimos encontrando figuras de sacerdotes muy atractivas desde se trata el tema del compromiso social, el anuncio de la Palabra de Dios, la denuncia profética…, con sacerdotes muy alejados del estereotipo y que cada vez se muestran más cercanos a los problemas gente, a luchas justas, a reconstruir la humanidad herida en ambientes de muchas destrucción humana y familiar; un buen momento en el cine que acentúa la visión amable de los sacerdotes, aunque también hoy de lo otro”.

RENOVAR EL AMOR PRIMERO

Encuentro Provincia 4 2017El trabajo en grupos a partir de estos planteamientos realizados en la jornadas de apertura de este Encuentro de Provincia Eclesiástica se completó con las ideas que expuso el obispo de Córdoba, Don Demetrio Fernández, encargado de conducir la ponencia de la jornada de clausura con una conferencia en la que, a partir del pasaje bíblico –“¿No ardía nuestro corazón mientras íbamos de mano? (Lc 24,32)” –  recordó la centralidad de la eucaristía puesto que “ahí es donde hemos nacido como presbíteros, en la Eucaristía y para la Eucaristía” para, a continuación, realizar una llamamiento a “renovar el amor primero”. Don Demetrio subrayó de manera singular “la plenitud de vida de Jesucristo como un existencia virginal, desde la sobreabundancia de vitalidad sobrenatural” para abordar el debate sobre el celibato porque “implica toda nuestra existencia, ser de Cristo para hacerle presente a él como esposo de su Iglesia con un amor totalmente oblativo, no posesivo, un amor que es universal y que va creciendo a lo largo de la vida, el deseo de vivir como Jesucristo, y basta”. “Esto significa desvivirse, es decir, desgastarse, entregando nuestra vida a favor de los demás cada día y por ello en este punto en muy importante nuestro testimonio, y de manera especial para los jóvenes en orden a ser llamados al sacerdocio”, apuntó Don Demetrio para abordar seguidamente puntos clave de la pastoral vocacional “donde nuestra presencia, como la de Jesús en el camino de Emaús, es una señal de ánimo hacia una vida gozosa de entrega limpia e íntegra y aquí está un punto clave de la problemática vocacional: los jóvenes necesitan el testimonio limpio y fuerte de un sacerdote que vive su celibato no como una carga, una tristeza, sino que vive la alegría de haber entregado su vida desde joven al Señor y a su Iglesia, esta alegría que le sale hasta por los ojos, y esa alegría suscita nuevas vocaciones”.

Y desde esa alegría Don Demetrio Fernández incidió en el mensaje del lema de este Encuentro de Provincia Eclesiástica de “volver a encender el corazón” con una llamada a todos los integrantes de los presbiterios diocesanos a un “Emaús permanente” para una vida cristiana plena “en la diócesis, la diócesis como casa común de todos los fieles, la iglesia particular con una historia de santidad, la una, santa, católica y apostólica que se concreta aquí, en cada diócesis que debemos amar, no porque sea mejor porque es lo nuestro excluyendo a los demás, sino amar los dones de Dios en la propia diócesis. Y en eso el presbítero está al servicio de la Diócesis como íntimo colaborador del obispo, como prolongación de la sucesión apostólica”.

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