introducción
 

1. Último Programa del Plan pastoral diocesano 2003-2008:Un Programa para todos

El Programa pastoral diocesano 2007-2008, el último que desarrolla el Plan pastoral diocesano 2003-2008, propone centrar los esfuerzos en torno a dos objetivos: la Iniciación cristiana (=IC) y la Pastoral de las vocaciones de especial consagración. Se trata de dos propuestas fundamentales que han estado ya presentes en los programas de los últimos cursos. Los frutos cosechados, sin embargo, no parecen suficientemente satisfactorios. Seguramente, el Señor nos está pidiendo un mayor esfuerzo por impulsar las acciones programadas, con espíritu de comunión.

Pudiera parecer que los dos campos de trabajo que se señalan son tarea exclusiva de las Delegaciones de Enseñanza y Catequesis, y de Pastoral Juvenil y Vocacional. Aunque ambas han de tener un protagonismo especial, al tratarse de un Programa diocesano todas las instituciones y todos los católicos de estas tierras deberán plantearse el modo y manera de apoyar estas iniciativas. En definitiva, los católicos leoneses están llamados a trabajar en comunión en pos de estos dos objetivos principales.

2. Oportunidad de la propuesta sobre la Iniciación Cristiana

Como dice el recién estrenado Directorio diocesano de la Iniciación cristiana, “la IC no es una tarea más, entre otras, en la pastoral diocesana. Tanto por las causas que la originan como por los objetivos que persigue, la IC ha de ser una acción prioritaria en la misión de nuestra Iglesia Particular” (nº 9). Si reparamos en las causas que la hacen prioritaria, tenemos que señalar, en primer lugar, la fidelidad al imperativo misionero de Jesucristo de “hacer discípulos” (cfr. Mt 28,19-20). Además, en segundo lugar, hay que aludir a la quiebra de los cauces tradicionales de transmisión de la fe: familia, escuela, parroquia. También nos urgen a desarrollar los procesos de la IC las propias circunstancias, impregnadas de secularismo y de una progresiva descristianización. La experiencia de cada día nos muestra la incultura religiosa de muchos católicos nominales; la dificultad que tienen para participar activa y conscientemente en las celebraciones religiosas; y, en definitiva, su falta de compromiso cristiano.

La prioridad de la IC deriva también de los objetivos que persigue: incorporar al candidato, mediante la fe y los sacramentos, a Jesucristo muerto y resucitado (cfr. Directorio diocesano de la IC, nº 4).Evidentemente, sólo Dios puede convertirnos en criaturas nuevas en Jesucristo, pero eso no excluye la misión de la Iglesia que, con el poder del Espíritu y a través de los procesos de la IC, realiza en el candidato la deseada incorporación al Señor. Además, los itinerarios de la IC son una oportunidad para la transmisión de la fe, es decir, cauces para llevar a los hombres al encuentro personal con Cristo, del que nazca la conversión y el seguimiento.Finalmente, la IC proporciona una educación cristiana integral que colabora a un desarrollo completo de la persona, evitando cualquier reduccionismo deshumanizador.

3. Análisis de la realidad pastoral

Una mirada rápida sobre nuestra realidad pastoral nos descubre algunas deficiencias que es necesario atajar. Parece especialmente preocupante la ausencia de oferta de catequesis en muchas parroquias y Unidades pastorales, especialmente del mundo rural. La escasez y dispersión de los niños, la escasa disposición de padres y niños y la inexistencia de catequistas son algunas de las razones que explican esa ausencia. Ante esta situación, los agentes de pastoral y, particularmente los párrocos y los demás sacerdotes, deben reconocer su responsabilidad y considerar la posibilidad de concentrar a los niños y jóvenes en el centro de la Unidad pastoral, o de buscar nuevas soluciones. Hay además otras deficiencias notables: falta de procesos catequéticos; la oferta de una catequesis que no integra suficientemente los contenidos cognitivos, la experiencia oracional y celebrativa, la dimensión comunitaria, y la dimensión moral; y, en ocasiones, la catequesis está encomendada a unos catequistas escasos en número y con una formación mejorable, o que no llevan una vidasuficientemente coherente con su fe, o que asumen el ministerio de dar las sesiones catequéticas sin otros compromisos.

4. Oportunidad de la Pastoral de las vocaciones de especial consagración

Los cristianos hemos de tener los ojos fijos en Aquél que nos precede y acompaña en el camino. También en este terreno pastoral Él es para nosotros modelo a seguir. Su estampa, acercándose al joven rico y diciéndole “ven y sígueme”, es un magnífico espejo en el que mirarse. En consecuencia, la Iglesia desea promover el encuentro personal y comunitario del joven con Cristo vivo, por cuanto en Él está la plenitud de sentido y el sentido de la totalidad de su vida; impulsar y facilitar su participación en la vida de la comunidad; y, en fin, promover y acompañar su compromiso en la acción evangelizadora de la Iglesia en bien del hombre y de la sociedad (cfr. Conferencia Episcopal Española, Orientaciones para una Pastoral Juvenil).

Al mismo tiempo, la Iglesia, consciente de que el sacerdocio es esencial en la configuración de la comunidad, trata de promover las vocaciones a este ministerio. El recordado Juan Pablo II invita a ello, destacando especialmente el deber de orar insistentemente al dueño de la mies que envíe obreros a su mies (cfr. Mt 9, 38; NMI 46).

5. La realidad pastoral diocesana

Una mirada apresurada sobre la pastoral diocesana en este campo nos desvela ciertamente, junto a algunas luces, un buen número de sombras. Comienza por dejar medianamente diáfana la escasez de los frutos: la mayoría de los jóvenes están ausentes de las comunidades cristianas; muestran una profunda desafección a la Iglesia; incluso, rechazan abiertamente la persona y el mensaje de Jesucristo. Además, todos conocemos el escaso número de seminaristas y las preocupantes previsiones de futuro.

¿Las causas? Dejando a un lado las que dimanan de un ambiente secularista y antirreligioso, habrá que reconocer la dificultad de muchos sacerdotes para entrar en contacto con los jóvenes. En muchos casos, puede deberse a la edad avanzada. En otros, a una especie de miedo al mundo juvenil. Además, en general, se les da poco protagonismo dentro de la comunidad. Es cierto que esta dificultad para el encuentro y para transmitir valores a los jóvenes la viven también otros sectores educativos: la vive la escuela y la viven incluso los propios padres. Este dato debe situarnos ante el problema con realismo, pero no puede, en ningún caso, justificar nuestra indolencia ni nuestro derrotismo. Desde luego, no debe dejarnos impasibles la escasa convocatoria de jóvenes a los encuentros vocacionales que se organizan desde la Pastoral Juvenil y Vocacional. Ni tampoco el escaso número de animadores de esta pastoral en nuestras Unidades pastorales y en nuestros Arciprestazgos.

6. Impulso de las Unidades pastorales

Desde hace varios años, nuestra Diócesis viene impulsando el conocimiento y la puesta en marcha del Proyecto de las Unidades pastorales (=Upas). Situadas a medio camino entre las parroquias y los arciprestazgos, las Upas, además de la forma visible de un nuevo mapa, comportan también un nuevo estilo pastoral. En el Apéndice del Programa situamos el objetivo de “Impulsar el Proyecto de las Unidades pastorales”. Aunque con distintos acentos y energía, según las circunstancias, todos los fieles de esta Iglesia están llamados también a trabajar a favor de este objetivo. Deberá hacerse, sobre todo, siguiendo dos líneas de acción: cultivando la formación específica en este tema e impulsando el trabajo en equipo.