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"EL PLAN PASTORAL 2003-2008" |
Queridos diocesanos: Con el curso 2007-2008 termina la aplicación del Plan pastoral “Para la edificación de la Iglesia” (1 Cor 14,12) que nos ha ocupado durante todo un quinquenio. La finalidad del Plan pastoral, escribía yo al presentarlo, ha sido “unificar criterios, fomentar el sentido de la comunión e impulsar la coordinación y el trabajo en conjunto siguiendo la ruta marcada por el Sínodo 1993-1995 (cf. nn. 78,2; 220,4)". Estos fines van más allá que los objetivos específicos del Plan concreto. La explicación en muy sencilla. Un plan pastoral no es más que un medio orientado, por una parte, a señalar unos cauces y métodos de trabajo que ayuden a llevar a la práctica “el mismo y único programa de siempre, recogido en el Evangelio de Jesucristo y en la tradición viva de la Iglesia, un programa que no cambia al variar los tiempos y las culturas” (Juan Pablo II) y, por otra, la preparación y la formación permanente de los agentes de pastoral que han de llevarlo a cabo. El Plan pastoral aludía en el título a la edificación de la Iglesia, un tema especialmente cultivado por San Pablo y que ha facilitado su desglose anual en aspectos tan importantes como “El cimiento es Jesucristo” (1 Cor 3,11) -curso 2004-05-; “Como piedras vivas en la construcción” (1 Pe 2,5) -curso 2005-06-; “Id y haced discípulos” (Mt 28,19) -curso 2006-07-; “Edificados sobre los Apóstoles” (Ef 2,20) -curso 2007-08-. El curso 2003-04 se dedicó al estudio del Plan. Ahora es el momento de hacer un balance, es decir, de preguntarse no tanto por los frutos obtenidos, puesto que la Iglesia no es una empresa de producción o mercantil, sino por el grado de penetración de lo que pretendía el Plan en la comunidad diocesana y por el nivel de identificación y de participación en el mismo por parte de los sacerdotes, personas consagradas, catequistas y otros agentes de pastoral, laicos comprometidos en la misión de la Iglesia y en el apostolado seglar. Contando con la gracia de Dios, sin cuya ayuda no podemos hacer nada, se requería también la adhesión cordial y el empeño personal de las comunidades pero, muy especialmente, de sus responsables. ¿Hemos avanzado en la comunión eclesial promoviendo la participación de todos los miembros de nuestra Iglesia en la misión evangelizadora (este era el objetivo general del Plan), poniendo en común iniciativas, tareas, servicios, estudio, oración, actividad, medios materiales incluso? Todo Plan y programa pastoral basado en él se conciben como un proyecto diocesano. Todos tienen algo que aportar y compartir. Por supuesto que cada uno de los 8 objetivos específicos del Plan, asumidos más o menos explícitamente en el programa pastoral de cada curso, siguen siendo válidos, más allá del grado de realización de cada uno. Es más, seguramente habrá que tomar de nuevo algunos porque tocan dimensiones muy importantes de la vida y de la misión de la Iglesia. Por último, quiero también congratularme con quienes, sin duda, se han sentido animados y estimulados por el Plan que ahora concluye, y agradecer todo el trabajo pastoral realizado así como el apoyo espiritual que nunca ha faltado y que nos ha venido de las comunidades contemplativas de la diócesis, de las asociaciones de espiritualidad y tantos sacerdotes y fieles que han aportado este decisivo punto apoyo. Con mi cordial saludo y bendición:
+ Julián, Obispo de León |