Es el segundo día del Triduo Pascual. La rúbrica del Misal explica su significado:
"Durante el Sábado Santo, la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y muerte, y se abstiene del sacrificio de la misa, quedando por ello desnudo el altar hasta que, después de la solemne vigilia o expectación nocturna de la resurrección, se inauguren los gozos de la Pascua, cuya exuberancia inundará los cincuenta días pascuales. En este día no se puede distribuir la sagrada comunión, a no ser en caso de viático".
Y la Iglesia, junto al altar desnudo, celebra el Oficio divino; un oficio inpregnado totalmente de reposo y de contemplación. Los salmos del Oficio de lectura hablan del sueño en paz (Sal 4) y de la carne que descansa serena (sal l5), mientras las lecturas, bíblica (Heb 4, l-l3) y patrística (homilía sobre el gran sábado), evocan el descenso de Cristo al abismo para dar el reposo definitivo a los patriarcas del Antiguo Testamento (cf. l Pe 3, l9-20). Pero hay un salmo, el 23, que pide ya que se alcen la compuertas para que entre el Rey de la gloria, alusión implícita a la resurrección.
Los Laudes se mantienen entre la espera de la resurrección (cf. el salmo l50 y Ap l, l8) y la meditación del valor redentor de la muerte de Jesús (cf. sal 63 e Is 38). La hora intermedia tiene un tono esperanzado con el recuerdo de la luz que brilla después de las tinieblas (cf. l Jn 2, 8b- l0). Las Vísperas repiten los salmos de la misma hora del Viernes Santo, pero con antífonas que recuerdan las palabras de Jesús alusivas al signo de Jonás y a la destrucción del templo de su cuerpo:
"-Como Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra" (ant. 2: Mt l2, 39-40).
"-Destruid el templo -dice el Señor-, y en tres días lo levantaré. El hablaba del templo de su cuerpo" (ant. 3: Jn 2, l9-21).
El resto de los textos recuerdan el misterio de nuestra identificación, por dedio del bautismo, con Cristo muerto y sepultado (cf. Rom 6, 3-4).
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