Las Normas universales sobre el año litúrgico son muy claras al señalar el momento en que comienza el Triduo pascual. Explícitamente señalan la misa vespertina de la cena del Señor (NUALC l9). De este modo adoptan una solución de equilibrio entre la tradición litúrgica, que solamente considera como días del triduo pascual al Viernes y Sábado Santos y el domingo de Pascua, y la estimación popular de que goza el Jueves Santo. El pueblo y la piedad no litúrgica hablaban no de Triduo pascual sino de Triduo sacro, comprendiendo bajo esta última denominación los días de Jueves, Viernes y Sábado Santos. Sin embargo, el domingo de Resurrección pertenece también al sagrado triduo, "en el queCristo padece, reposa en el sepulcro y resucita"(SAN AMBROSIO).
Por tanto, de acuerdo con las normas actuales de la liturgia, el Jueves Santo entra en el Triduo pascual desde el atardecer, hora en que ha de celebrarse la misa vespertina de la cena del Señor. Hasta ese momento, el jueves pertenece todavía a la Cuaresma.
Al Jueves Santo sigue la feria VI de la pasión del Señor, denominación litúrgica del Viernes Santo. Según una tradición antiquísima, la Iglesia no celebra la eucaristía en este día ni en el siguiente. Tan sólo desde el siglo VII se distribuye la comunión, imitándose una práctica de la liturgia bizantina de dar el pan eucarístico los viernes y otros días en los que no había eucaristía. ¿Por qué no se celebra la santa misa precisamente en el día en que la Iglesia conmemora la pasión y la muerte del Señor? La respuesta es sencilla, pero no fácilmente comprensiblepara quien no ha captado las leyes profundas de la liturgia. Por una parte está la tradición antiquísima y unánime de las liturgias que sólo han celebrado la eucaristía en la noche santa de la Pascua -la misa vespertina del Jueves Santo no es tan antigua, aunque fue adquiriendo un relieve extraordinario sobre todo desde el siglo XII-, y por otra parte está la intención de la liturgia de celebrar el misterio pascual no como un aniversario histórico, sino como un memorial sacramental, y no fragmentariamente, sino en la totalidad del misterio.
El Sábado Santo es tambien un día alitúrgico, de silencio y de meditación -en la antiguedad, también de ayuno-, hasta que, llegada la noche, se da principio a la vigilia pascual, verdadero momento culminante del Triduo santo:
"La vigilia pascual, la noche santa de la resurrección del Señor, es tenida como la madre de todas las santas vigilias" (SAN AGUSTIN Serm. 219); en ella, la Iglesia espera velando la resurrección del Señor y la celebra en los sacramentos. Por consiguiente, toda la celebración de esta vigilia sagrada debe hacerse de noche, de tal modo que o comience después de iniciada la noche o acabe antes del alba del domingo"(NUALC 21).
La vigilia pascual forma parte del domingo de pascua de la resurrección del Señor. En dicho día, La Iglesia convoca a los fieles para una doble celebración eucarística: la que tiene lugar en el curso de la vela nocturna y la de día propiamente. El domingo de Pascua, tercer día del Triduo pascual, inaugura un tiempo de alegría y de fiesta que dura cincuenta días, y del que nos ocuparemos en el capítulo siguiente. Los primeros ocho días de este periodo, que constituyen la octava de Pascua, forman, con el domingo de Resurrección, un solo e idéntico "dia" y se celebran como solemnidad del Señor (cf. NUALC 24). |