EL SANTO TRIDUO PASCUAL

Domingo de Pascua en la noche Santa: la Vigilia Pascual

 

Al comenzar la noche se inicia el tercer día del Triduo santo de la Pascua. Nuevamente el Misal nos dice:

"Según una antiquísima tradición, ésta es una noche de vela en honor del Señor (Ex l2, 42). Los fieles, tal como lo recomienda el Evangelio (Lc l2, 35ss), deben asemejarse a los criados que, con las lámparas encendidas en sus manos, esperan el retorno del Señor, para que cuando llegue les encuentre en vela y les invite a sentarse a su mesa".

La vigilia pascual es esencialmente una larga celebración de la Palabra de Dios y de oración, que culmina con la eucaristía. No es, por tanto, una misa vespertina en víspera de un día festivo, ni siquiera es una celebración más del año litúrgico, sino la acción litúrgica más importante, el vértive de todas las conmemoraciones tanto del Triduo pascual como de todo el año. Todos los momentos de la vigilia están cargados de simbolismo y de belleza, empezando por la propia hora de la celebración, para que se advierta el contraste entre las tinieblas y la luz, el pecado y Cristo resucitando glorioso. La acción se desarrolla en cuatro partes bien definidas.

Primero el lucernario o rito del fuego y la luz, cuyo origen hay que buscar en la antiquísima práctica judía y cristiana de encender la lámpara pronunciando una bendición al Señor. La preparación del cirio pascual, que se enciende con el fuego nuevo y es llevado en procesión hacia el interior del templo, constituye la evocación simbólica de la resurrección de Cristo:

"La luz de Cristo, que resucita glorioso,

disipe las tinieblas del corazón y del espíritu".

El cirio es la columna de fuego que iluminó a los israelitas al pasar el mar Rojo, como canta el pregón pascual: "Es el lucero que no conoce ocaso, es Cristo resucitado, que, al salir del sepulcro, brilla sereno para el linaje humano".

La liturgia de la Palabra, o segunda parte, tiene un dinamismo propio, que se va mostrando en el ritmo, tan significativo, de lectura, canto y oración. El conjunto de los textos proclamados es un repaso a toda la historia de la salvación -la creación, Abrahán, el éxodo, los profetas, Cristo-, que gravita sobre la Pascua del Señor. En efecto, todos los momentos evocados de la historia salutis representan otras tantas victorias de la vida sobre la muerte hasta llegar a la resurrección de Jesús. En ella no solo Cristo es glorificado, también a nosotros alcanza ese poder de salvación, como proclama la lectura apostólica de Rom 6, 3-ll:

"Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte,

para que así como Cristo fue despertado de entre los muertos

para gloria del Padre,

así también nosotros andemos en una vida nueva".

Al término de la liturgia de la Palabra, en el canto del Gloria se encienden todas las luces de la iglesia y se echan al vuelo las campanas. El canto del Aleluya hace también su aparición de una manera solemne. Todo esto son signos de la fiesta grande de la Pascua.

Después de la homilía que da paso al rito viene la liturgia de los sacramentos del bautismo y de la eucaristía. La Iglesia, madre fecunda gracias a la resurrección de Cristo, engendra en este día nuevos hijos en virtud del Espíritu Santo y los nutre con el cuerpo del Señor. El rito bautismal se reduce a lo esencial: letanías, bendición del agua promesas y ablución. La liturgia recomienda encarecidamente que se administre el bautismo en el curso de esta vigilia. Para ello sugiere incluso que no se bautice durante la Cuaresma. Si no hay bautismos, debe recordarse el rito bautismal mediante la renovación de las promesas por todos los presentes y la aspersión con el agua a toda la asamblea.

La eucaristía de la noche santa de la Pascua tiene un encanto especial como anuncio eficaz de la muerte del Señor y proclamación gozosa de su resurrección en la espera de su venida (cf. lCor ll, 26; l6, 22; Ap 22, l7.20). Pero la atención maternal de la Iglesia esta dedicada a los nuevos hijos:

"Escucha, Señor, la oración de tu pueblo

y acepta sus ofrendas,

para que la nueva vida

que nace de estos sacramentos pascuales

sea, por tu gracia, prenda de vida eterna" (superobl.).