| Directorio
Introducción
1.La Iglesia diocesana de León es consciente de que “la evangelización o anuncio del Evangelio de Jesucristo es exigencia y condición de su fidelidad al Señor. Como el apóstol Pablo, no lo considera motivo de gloria, sino necesidad que le hace exclamar: ‘Ay de mí, si no evangelizo’ (1Cor 9, 16)” [1]. En las presentes circunstancias, marcadas por un fuerte secularismo y por una progresiva descristianización, nuestra diócesis siente la urgencia de desarrollar una acción misionera y pastoral más intensa y coherente con la necesidad de formar verdaderos cristianos y de recuperar a los alejados de la fe. Expresión de esta inquietud son los objetivos y las propuestas de los planes y programas pastorales de los últimos años, que insisten particularmente en la instauración de los itinerarios de Iniciación cristiana para adultos, para niños y para jóvenes, dentro de un proyecto integrador que aglutine los aspectos inseparables de la evangelización, la catequesis y la celebración de los sacramentos [2].
Destinatarios del Directorio
2. Con esta finalidad general se publica el presente Directorio, aprobado por el Obispo después de haber sido estudiado también por el Consejo Presbiteral. Se dirige, en primer lugar, a los párrocos y a quienes hacen sus veces en el ministerio pastoral, pero también a los demás sacerdotes y a los diáconos, a los catequistas y los agentes de pastoral, a los padres y padrinos de los que son iniciados en la vida cristiana, y a las comunidades parroquiales, llamadas a interesarse y a acompañar las funciones que integran la misión de la Iglesia.
Objetivos
3. La misión de la Iglesia se desarrolla en una doble fidelidad: fidelidad a Dios y fidelidad al hombre en su concreta situación. Sólo cuando logra conjugar esta doble fidelidad podemos hablar de auténtica evangelización. En este amplio panorama de la evangelización, el Directorio tiene por objeto, en primer lugar, ayudar a descubrir el hoy de la salvación en los sacramentos, las obras maestras de Dios, lo que implica iniciar y desarrollar los símbolos y signos a través de los cuales acontece esa Salvación.
En segundo lugar, impulsar la catequesis ordinaria en nuestra diócesis, al mismo tiempo que abrir espacios para una catequesis de adultos [3]. En la medida en que se minimiza, o incluso se soslaya, la catequesis en el conjunto de la pastoral, se produce un mayor deterioro en la vitalidad de la Iglesia. Recuperar la tensión vital desde una adecuada atención y puesta en práctica de la catequesis debe ser uno de los deseos que hagan necesario este Directorio.
Por último, busca unificar criterios teológicos-pastorales en orden a la celebración de los Sacramentos de la Iniciación cristiana y a la dimensión catequética que acompaña este proceso. Dicha unificación de criterios aparece ya como una urgencia en el Sínodo diocesano de León, 1993-1995 [4].
I. La Iglesia particular y la Iniciación cristiana
Responsabilidad de la Iglesia particular y del Obispo
4. La Iniciación cristiana es la expresión más significativa de la respuesta de la Iglesia a la misión que el Señor confió a sus discípulos (cf. Mt 28,18-20; Mc 15,15-16); y afecta de lleno a la mediación de la Iglesia particular o diocesana confiada al Obispo, en la que se manifiesta la única Iglesia de Cristo en un determinado lugar (cf. LG 26; CD 11). En este sentido la Iniciación, como respuesta a la misión evangelizadora, es tarea de toda la comunidad diocesana, que ha de interesarse por esta acción eclesial y colaborar en ella.
Por tanto, en cuanto acción eclesial, la Iniciación cristiana tiene como sujeto último a la Iglesia particular y es promovida y supervisada por el Obispo. En efecto, "el Obispo, como principal dispensador de los misterios de Dios, y también como moderador de toda la vida litúrgica en la Iglesia que le fue encomendada, dirige la celebración del Bautismo, con el cual se concede la participación del sacerdocio real de Cristo. Es ministro ordinario de la Confirmación y guía de toda la Iniciación cristiana, la cual realiza ya sea por sí mismo, ya por sus presbíteros, diáconos y catequistas" [5]. De ahí la conveniencia de que cuide de la Iniciación cristiana de los adultos y presida personalmente sus principales etapas, siendo deseable también que en la Vigilia pascual y, en cuanto sea posible, en la Visita pastoral, celebre los sacramentos de la Iniciación tanto para los adultos como para los niños, en la Catedral o en las iglesias parroquiales [6].
Importancia de la parroquia
5. Ahora bien, la Iniciación cristiana se lleva a cabo principalmente en las parroquias, constituidas de modo estable en la Iglesia particular para hacer más cercana a los fieles la mediación eclesial. Por eso, las parroquias, distribuidas localmente, representan a la Iglesia visible en cuanto concreción del misterio de la Iglesia de Cristo y "cuya cura pastoral, bajo la autoridad del Obispo diocesano, se encomienda a un párroco, como su pastor propio" [7]. En este sentido, los presbíteros hacen las veces del Obispo como colaboradores necesarios en el ministerio sagrado.
6. La primacía de la parroquia no excluye la existencia de otros lugares de realización de la Iniciación cristiana, como la familia, la escuela católicay algunas asociaciones de fieles. Cada una de estas instituciones tiene su carácter específico y a la vez complementario de la tarea que se realiza en la comunidad parroquial [8]. Sin embargo, solamente la parroquia, además de la catedral, encarna completamente la maternidad espiritual de la Iglesia particular “en todas sus facetas del nacimiento y del desarrollo de la fe” [9]. “El signo de la función maternal de la Iglesia es precisamente la pila bautismal, la cual es obligatoria en toda parroquia, y que sólo ésta, al igual que la catedral, posee en principio” [10]. En efecto, la función de engendrar la vida de la fe y de nutrirla en los neófitos, es algo primigenio y básico, anterior a cualquier particularidad o carisma eclesial, por legítimo que sea.
Por tanto, es indispensable que la catequesis y la celebración de los sacramentos de la Iniciación cristiana tengan siempre como referencia habitual la parroquia y se lleven a cabo normalmente en ella. Así mismo, es necesario también que las parroquias y las unidades pastorales asuman con responsabilidad la tarea de renovar y revitalizar toda su actividad evangelizadora y pastoral, para ubicar debidamente en ella todo el proceso de la Iniciación cristiana.
Ministerios y funciones en la Iniciación cristiana
7. La Iniciación cristiana, aun siendo tarea de toda la comunidad eclesial, después de serlo del Obispo [11] es responsabilidad principal también de los párrocos y de quienes se les equiparan en derecho [12], con la ayuda de los catequistas y de otras personas [13]. Los padres cristianos, como principales educadores de sus hijos, deben mostrarse solícitos en la formación en la fe de éstos y en su iniciación en la vida sacramental, colaborando con su palabra y ejemplo [14]. Después de los padres y, en ocasiones, en sustitución de éstos, los padrinos desempeñan una importante función como encargados de velar por la educación cristiana de sus apadrinados [15]. Todo el pueblo de Dios debe intervenir también con su oración y testimonio, y con la acogida de los que van siendo iniciados.
Los catequistas
8. Toda parroquia o, al menos, cada unidad pastoral, ha de contar con algunos catequistas competentes, llamados y enviados por la Iglesia. La figura del catequista, “dotado de una fe profunda, de una clara identidad cristiana y eclesial y de una honda sensibilidad social” (DGC 237), es cada vez más necesaria. Los catequistas han de destacar también por su madurez humana y por su preparación pedagógica, como corresponde al cometido que han de desempeñar (cf. DGC 234 ss.).
Es misión del párroco invitar para este importante ministerio laical a fieles capaces, a los que ayudará en su formación espiritual y apostólica, siguiendo las orientaciones actuales de la Iglesia y recurriendo a los organismos diocesanos responsables de la catequesis y de la formación de los laicos.
II. La Iniciación cristiana, acción prioritaria
en la pastoral diocesana
Fidelidad al mandato del Señor
9. La Iniciación cristiana no es una tarea más, entre otras, en la pastoral diocesana. Tanto por las causas que la originan como por los objetivos que persigue, la Iniciación cristiana ha de ser una acción prioritaria en la misión de nuestra Iglesia Particular. Esto ha de ser así, en primer lugar, por fidelidad al imperativo misionero de hacer discípulos de Jesucristo (cf. Mt 28,19-20), que ha resonado en la comunidad cristiana de todos los tiempos y que sigue resonando en nuestros días entre nosotros.
En segundo lugar, resulta prioritaria la Iniciación cristiana por la necesidad de materializar las orientaciones de la Iglesia en orden a la educación cristiana integral, teniendo en cuenta las nuevas situaciones de la cultura actual. El propio Directorio General para la Catequesis estimula la elaboración de directorios diocesanos, para dar un nuevo impulso a la catequesis [16].
Recuperar un cauce para la transmisión de la fe
10. Por otra parte, parece evidente que el circuito tradicional de la transmisión de la fe está seriamente dañado, por lo que urge recuperar un cauce válido para hacer cristianos, que haga posible el acceso y la permanencia en la vida propia de los hijos de Dios [17]. La Iniciación cristiana es el cauce del que dispone la Iglesia para llevar a los hombres hacia un encuentro personal con Jesucristo, que provoque la conversión y el posterior seguimiento como auténtico discipulado.
Variedad de situaciones
11. Además percibimos, en nuestros días, una amplia y compleja variedad de situaciones en los destinatarios de la Iniciación cristiana. Este solo hecho exige una respuesta adecuada que incluya una evangelización más misionera y un tratamiento pastoral diversificado, al menos, ante estas circunstancias:
- Padres que piden el Bautismo para sus hijos. Junto a los que viven unidos a la Iglesia, hay muchos otros que están alejados de toda práctica religiosa o en situaciones canónicamente irregulares.
- Adultos que desean celebrar el Bautismo y los demás sacramentos de la Iniciación cristiana.
- Niños no bautizados y llegados al uso de la razón, que piden el Bautismo.
- Adultos bautizados que no han sido suficientemente formados en la fe o no han completado su Iniciación cristiana.
Nueva evangelización
12. Es preciso advertir que, al hablar de la Iniciación cristiana como acción prioritaria en la pastoral diocesana, no se está aludiendo a acciones novedosas sino que se trata, más bien, de dar un nuevo impulso tanto a la catequesis ordinaria, como ya se ha dicho, para que avance en la educación integral de la fe, como a la pastoral de los sacramentos de la Iniciación, evitando reduccionismos de ningún tipo, ni en cuanto al tiempo en que ha de durar la catequesis o cada etapa de la Iniciación, ni en cuanto a la preparación específica para recibir los sacramentos, ni en cuanto a una parcelación de los contenidos de la fe, etc.
Con palabras del Papa Juan Pablo II, la acción evangelizadora de nuestra Iglesia diocesana tiene que ser “nueva por su ardor, sus métodos y su expresión” [18]. Este ardor ha de impregnar a todos los que comparten esta responsabilidad de iniciar a la vida cristiana, participando en la función maternal de la Iglesia.
III. Naturaleza de la Iniciación cristiana
Don de Dios y respuesta del hombre
13. Los que habiendo escuchado el anuncio del Evangelio se convierten de su pasado y creen en Jesucristo, renacen del agua y del Espíritu Santo por medio del Bautismo (cf. Jn 3,5), obteniendo el perdón de los pecados y viniendo a ser hijos adoptivos de Dios incorporados a la Iglesia (cf. Hch 2,41; Rm 8,15). Después son sellados con el sello del Espíritu Santo que los configura más íntimamente a Jesucristo y celebran el memorial de su muerte y resurrección, uniéndose a la ofrenda de su sacrificio y tomando parte en la comunión de su Cuerpo y Sangre (cf. Hch 8,15; 2,42; etc.) [19].
En este sentido, la Iniciación cristiana es, ante todo, obra de Dios y de su gracia, un dondivino, porque Él tiene siempre la iniciativa y la primacía en la transformación interior de la persona y en su integración en la Iglesia. Es Dios quien sale al encuentro del hombre y nos llama a ser sus hijos. Así lo expresaba la fórmula de fe del antiguo Catecismo: “Sí, soy cristiano por la gracia de Dios”. En todo momento debemos reconocer que “Él nos amó primero” (1 Jn 4,19; cf. 4,9-10) [20].
Pero la Iniciación cristiana es, también, respuesta de cada hombre o mujer a la llamada de Dios a participar de la vida trinitaria. En esta respuesta a la iniciativa divina, se ve implicada toda la persona,con todas sus dimensiones.
Incorporación al Misterio pascual de Jesucristo
14. La Iglesia con el poder del Espíritu, mediante la Iniciación cristiana, engendra y nutre seres nuevos en Cristo, el Hombre nuevo (cf. Rm 6,3-11). Evidentemente, sólo Dios puede hacer que el ser humano nazca de lo alto para ser una criatura nueva (cf. Jn 3,3; 2 Cor 5,17). Por eso, la Iniciación cristiana es la incorporación de un candidato, mediante la fe y los sacramentos, a Jesucristo muerto y resucitado, en cuya vida empieza a participar. No se trata, pues, de un mero proceso educativo ni una mera preparación para el compromiso cristiano. Es siempre una acción compleja, en la que se manifiesta la obra de Dios en el hombre, por mediación de la Iglesia, y en la que éste, auxiliado por la gracia divina e incorporado a la comunidad cristiana, recorre un verdadero camino de liberación del pecado y de crecimiento en la fe y en la vida sobrenatural [21].
Palabra y sacramento íntimamente unidos
15. La Iniciación cristiana es, además, Palabra y sacramento íntimamente unidos y relacionados en el ámbito de la comunidad eclesial. Por eso, la primera pregunta que se le hace al candidato adulto al catecumenado bautismal es “-¿Qué pides a la Iglesia?”. Y aquel responde “-La fe” [22]. En efecto, la fe entra por el oído, es decir, por la predicación del mensaje evangélico que anuncia la Iglesia por medio de sus predicadores, catequistas y maestros (cf. Rm 10,14-17). La Iglesia invita después al catecúmeno adulto y a todo el que fue bautizado en su infancia, a vivir la experiencia de la conversión y de la adhesión personal a Jesucristo a través del itinerario correspondiente de la Iniciación cristiana, en el que se conjugan la Palabra de Dios, explicada en la catequesis, y los ritos sacramentales [23].
La función de los sacramentos
16. En este sentido, los sacramentos de la Iniciación consagran y acompañan todo el proceso de la formación de la fe y de la introducción en oración, en la celebración litúrgica, en la caridad y en el testimonio, “porque es en los sacramentos y, sobre todo, en la Eucaristía, donde Jesucristo actúa en plenitud para la transformación de los hombres" [24]. En efecto, el Bautismo, primeramente, realiza el paso de la muerte a la vida, la Confirmación confiere el sello del don del Espíritu Santo y la Primera Eucaristía incorpora plenamente al misterio de Cristo y de la Iglesia [25]. Posteriormente, el crecimiento en la vida cristiana se realiza, en el seno de una comunidad eclesial, mediante la perseverancia en la doctrina apostólica, la práctica de la oración y de la caridad, y mediante los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía [26]. Es lo que conoce también como educación permanente de la fe, necesaria para todo cristiano [27].
Desarrollo de todas las dimensiones de la persona
17. Por último, es preciso añadir que la Iniciación cristiana desarrolla todas las dimensiones de la fe y de todos los componentes de la persona. Así es el actuar de Dios, en su específica pedagogía con nosotros: su actuar afecta, de forma completa e integral, a todos los diversos aspectos que configuran nuestra personalidad, y desarrolla todas las dimensiones de la fe, por las que llega a ser una fe conocida, celebrada, vivida, hecha oración, etc. [28].
De hecho, todo el conjunto de acciones y de aspectos, referidos anteriormente, hace posible en un momento o en otro la opción personal y consciente de quienes entran en la Iglesia, para alcanzar la madurez en la fe y asumir responsablemente su vocación y misión en la comunidad cristiana y en el mundo
IV. Los dos componentes del único proceso
Estructura de la Iniciación cristiana
18. En el apartado anterior, ha quedado reflejado que la Iniciación cristiana abarca dos componentes inseparables e íntimamente interdependientes: la catequesis y la celebración de los sacramentos. Efectivamente, la unidad inescindible de la Palabra y del sacramento, reflejo incluso del misterio de la encarnación (cf. Jn 1,14), da lugar no sólo a la estructura misma de la mediación de la Iglesia en la función de engendrar y nutrir a los nuevos hijos de Dios, sino que condiciona de alguna manera también la vida de quienes han sido introducidos en la comunión con Cristo y con la Iglesia.
19. Así pues, la Iniciación cristiana debe comprenderse de manera unitaria e integradora de todos sus elementos, aunque el orden de éstos sea diverso en la iniciación de los adultos y en la de los niños. En efecto, a diferencia del catecumenado de adultos en el que la celebración de los sacramentos de Iniciación marca el final del itinerario, concentrado en un espacio limitado de tiempo, la catequesis de niños, jóvenes y adultos bautizados se extiende a lo largo de las diferentes etapas de su crecimiento en la fe y de la celebración de los otros sacramentos de la Iniciación cristiana [29].
La catequesis aparece siemprecomo un elemento básico de la Iniciación, aunque no autónomo [30]. Y los sacramentos, que son signos de la fe no sólo porque la suponen sino también porque la alimentan, la robustecen y la expresan por medio de palabras y de cosas (SC 59), necesitan así mismo de una conveniente preparación y oportuna explicación catequética (cf. SC 35,3). De este modo, el proceso de formación y de maduración en la fe implica el ejercicio de las dos funciones inseparables de la Iglesia, el Ministerio o servicio de la Palabra y el Ministerio o servicio de la santificación sacramental [31].
La catequesis en el proceso de la Iniciación
20. “La catequesis es elemento fundamental de la Iniciación cristiana, y está estrechamente vinculada a los sacramentos de la Iniciación, especialmente al Bautismo, 'sacramento de la fe'. El eslabón que une la catequesis con el Bautismo, sacramento de la fe, es la profesión de fe que es, a un tiempo, elemento interior de este sacramento y meta de la catequesis” [32]. La catequesis, convenientemente prolongada, debe procurar, por tanto, una formación orgánica y sistemática de la doctrina de la fe, un aprendizaje de la vida cristiana y una transmisión a los niños, a los jóvenes y a los adultos de lo nuclear de la experiencia en el misterio de la salvación y en los valores evangélicos más fundamentales [33]. La catequesis, en todos los casos, ha de tener hoy una impronta netamente catecumenal, orientada a la conversión personal y a la adhesión plena a Jesucristo mediante la incorporación activa a la comunidad cristiana. Para lograrlo, la Iglesia comunica su propia fe a los catecúmenos y a los ya bautizados, de manera que la hagan suya al profesarla.
Características de la catequesis
21. La catequesis al servicio de la Iniciación cristiana se presenta como:
a) Un proceso de maduración y de crecimiento de la fe, desarrollado de manera gradual (cf. DGC 88-89). Esta gradualidad de la catequesis tiene su origen en el modo como Dios actúa en la historia de la salvación, y sigue la celebración del misterio de Cristo en el año litúrgico.
b) La catequesis de Iniciación cristiana de niños, adolescentes y jóvenes bautizados en la infancia, a diferencia de lo que ocurre en el catecumenado propiamente dicho, está definida por la mistagogia, es decir, por la vivencia de la Palabra de Dios y de los sacramentos en el seno de la comunidad cristiana. En efecto, el camino hacia la adultez en la fe, abierto y configurado por el sacramento del Bautismo, se desarrolla por medio de los demás sacramentos de la Iniciación que dan sentido y vertebran todo el proceso (cf. ICRO 29-30).
c) Está impregnada del misterio de la Pascua de la Nueva Alianza, de modo que facilita el paso progresivo del hombre viejo al hombre nuevo, la superación del mal con la ayuda de la gracia divina, y el gozo de la salvación.
d) A lo largo de todo este proceso, el catequizando crece en la fe ayudado por la oración y el ejemplo de toda la comunidad, meditando asiduamente el Evangelio, tomando parte activa en la liturgia, practicando la caridad fraterna y soportando con fortaleza las pruebas de la vida.
Los sacramentos de la Iniciación cristiana
a) El Bautismo
22. "El Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el Espíritu y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión. El Bautismo es el sacramento del nuevo nacimiento por el agua y la Palabra" (CCE 1213). "El Bautismo, 'por sí mismo es sólo un principio y un comienzo porque todo él tiende a conseguir la plenitud de la vida en Cristo'" (ICRO 54).
23. "El Bautismo es el sacramento de la fe (cf. Mc 16,16). Pero la fe tiene necesidad de la comunidad de creyentes. Sólo en la fe de la Iglesia puede creer cada uno de los fieles. La fe que se requiere para el Bautismo no es una fe perfecta y madura, sino un comienzo que está llamado a desarrollarse. Al catecúmeno o a su padrino se le pregunta: '¿Qué pides a la Iglesia de Dios?' y él responde: '¡La fe!'" (CCE 1253).
b) La Confirmación
24. "Con el sacramento de la Confirmación los renacidos en el Bautismo reciben el don inefable, el Espíritu Santo, por el cual son enriquecidos con una fuerza especial y, marcados por el carácter del mismo sacramento, quedan vinculados más perfectamente a la Iglesia, mientras son más estrictamente obligados a difundir y defender con la palabra y las obras la propia fe, como auténticos testigos de Cristo" [34].
25. Dentro del conjunto de la Iniciación cristiana la Confirmación forma una unidad con el Bautismo y con la Eucaristía. La recepción de la Confirmación es necesaria para la plenitud de la gracia bautismal, de manera que no puede considerarse como un suplemento facultativo ni como una pura y simple ratificación personal del Bautismo y de la fe bautismal. La Confirmación acentúa también la dimensión eclesial y misionera de la vocación de los bautizados, en íntima conexión con el acontecimiento de Pentecostés, plenitud de la Pascua del Señor [35]. Y conduce a los confirmados a participar más plena y activamente en la Eucaristía. Por este motivo la Confirmación"se tiene normalmente dentro de la Misa, para que se manifieste más claramente la conexión de este sacramento con toda la Iniciación cristiana, que alcanza su culmen en la Comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo. Por esta razón los confirmados participan de la Eucaristía, la cual completa su Iniciación cristiana" [36] .
c) La Primera Eucaristía
26. "El tercer sacramento de la Iniciación cristiana es la Eucaristía; en ella la iniciación alcanza su culminación. En efecto, 'los que han sido elevados a la dignidad del sacerdocio real por el Bautismo y configurados más profundamente con Cristo por la Confirmación, participan por medio de la Eucaristía con toda la comunidad en el sacrificio mismo del Señor' (CCE 1322). La Eucaristía significa y realiza la comunión de vida con Dios y la unidad de la Iglesia, es pregustación de la vida eterna y compendio y suma de nuestra fe" [37].
27. "Se comprende, pues, la importancia y la necesidad de las debidas disposiciones con que se han de preparar todos los que participan sacramentalmente del Banquete eucarístico (cf. CDC c. 914); tanto los que, habiendo llegado al uso de razón, empiezan a recibir la Eucaristía aún sin haber recibido la Confirmación, como aquellos que, aún no habiendo recibido la Eucaristía, reciben el 'sello del don del Espíritu'” [38].
El sacramento de la Penitencia
28. "Dentro del proceso de la Iniciación cristiana de los ya bautizados, ocupa también un lugar importante la celebración del sacramento de la Penitencia, aunque éste no sea un sacramento de Iniciación sino de curación. En efecto, de este sacramento 'obtienen de la misericordia de Dios el perdón de los pecados cometidos contra El y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia, a la que ofendieron con sus pecados'... Este sacramento se debe celebrar también antes de participar, por primera vez, de la Eucaristía, incluso en el caso de los niños, evitando cualquier práctica contraria" [39].
Efectos de la unidad del proceso de la Iniciación cristiana
29. La armonía y la integración de los elementos fundamentales de la Iniciación cristiana, está llamada a producir en el proceso las siguientes ventajas y frutos:
a) Propiciar el conocimiento del misterio de Dios en Jesucristo. La Iniciación cristiana ha de llevar al encuentro con la persona y el mensaje de Jesús descubriendo la significación vital de este mensaje para el ser humano. En este contexto cobra especial sentido la entrega del Símbolo, compendio de la Escritura y de la fe de la Iglesia [40].
b) Estimular la participación en la liturgia de la Iglesia. La Iniciación cristiana, mediante la oportuna catequesis litúrgica y la iniciación en los sacramentos, ayuda a la comprensión de los signos y de los símbolos, a la vez educa en las actitudes básicas para la participación consciente, activa y fructuosa en las celebraciones de la fe [41].
c) Inculcar en los discípulos las actitudes propias de la vida en Cristo, camino, verdad y vida, de acuerdo con las Bienaventuranzas y las consecuencias morales que se derivan de ellas [42].
d) Orar con los sentimientos y las palabras de Jesús. La entrega del Padre nuestro expresa la consonancia de la oración con la vida de la fe [43].
e) Provocar el compromiso cristiano al descubrir las diversas vocaciones y los distintos servicios eclesiales. Este compromiso conlleva, por ejemplo, a plantearse una posible llamada al ministerio ordenado o a la vida consagrada, así como el estado del matrimonio o de la soltería, sin olvidar la presencia y acción de los laicos en la vida pública.
f) Abrir horizontes en relación con la vida y la misión de la Iglesia, suscitando, entre otros aspectos, la vocación misionera ad gentes, la apertura hacia los cristianos de otras confesiones, el respeto hacia otras religiones o el diálogo con los no creyentes o con los ámbitos de la cultura, el arte, los medios de comunicación y otras expresiones de la vida social y pública.
V. Itinerarios de la Iniciación cristiana
Formas de realizar la Iniciación cristiana
30. La Iglesia, en su fidelidad al Señor y al hombre concreto, y teniendo en cuenta la pluralidad de situaciones que se da hoy [44], ha establecido hasta cuatro itinerarios diferentes para llevar a cabo la Iniciación cristiana. El primero es el itinerario de la Iniciación cristiana para los niños y adolescentes bautizados en la infancia, el más común y el normal entre nosotros. El segundo es la Iniciación de los adultos no bautizados, el itinerario considerado típico y que empieza a ser necesario también en nuestra diócesis. El tercero es la Iniciación de niños y adolescentes no bautizados, llegados al uso de la razón o en edad escolar, itinerario que es adaptación del anterior y que no se puede ignorar ya ante el aumento de los casos en que se hace necesario. Y el cuarto es el dedicado a los adultos ya bautizados, en proceso de avivar la fe o de celebrar alguno de los sacramentos de la Iniciación no recibidos. A continuación, se exponen los cuatro itinerarios siguiendo el orden anterior.
1º. Itinerario de la Iniciación cristiana para niños y adolescentes bautizados en la infancia (Itinerario normal)
Descripción del itinerario
31. Es el itinerario que comienza con el sacramento del Bautismo a las pocas semanas de nacer. El proceso se inicia realmente en el seno de la familia mediante la petición del sacramento para el hijo recién nacido; y continúa con la catequesis de la comunidad que abarca desde la infancia hasta la adolescencia, tiempo más o menos coincidente con la enseñanza obligatoria escolar. En este sentido, es deseable que los niños sean incorporados cuanto antes a la parroquia, que no se interrumpa el proceso catequético después de la Primera Comunión, y que la celebración de la Confirmación no se plantee como el final de la catequesis. El itinerario progresa, por tanto, de este modo:
- Etapa de preparación remota, con la preparación de los padres al sacramento del Matrimonio (cursillos, convivencias, etc…);
- Recepción del sacramento del Bautismo en las semanas siguientes al nacimiento, después del diálogo de acogida y de las catequesis preparatorias para los padres y padrinos.
- Etapa de la catequesis familiar, que comienza y comprende el despertar religioso de los niños: es la etapa en la que los padres transmiten espontáneamente una determinada cosmovisión en la que resulta determinante la experiencia de Dios, y los pequeños se abren al mundo de las relaciones con los demás y también con Dios. Unida o a continuación de este momento del despertar religioso, cabe la posibilidad de ofrecer a los padres la llamada catequesis familiar, en la que ellos mismos participan juntamente con sus hijos, admitiendo varias modalidades.
- Etapa de la Catequesis de la comunidad, como incorporación de los niños a la parroquia, que integra, al menos, tres tiempos, una vez realizado el despertar religioso o de haber participado en alguna forma de catequesis familiar:
- Primera infancia, desde su incorporación a la catequesis parroquial, entre los cinco o seis años, hasta los nueve años.
- Infancia adulta, entre los diez y los doce años, más o menos.
- Preadolescencia y adolescencia, entre los trece y dieciséis años, más o menos.
Proceso continuado e integrador
32. En el momento oportuno, dentro de esta etapa que exige, como se ha indicado ya, un progreso continuado sin fracturas ni interrupciones, se celebran, de acuerdo con los criterios pastorales y las normas diocesanas que se señalan más adelante [45], los sacramentos de Iniciación que aún faltan, la Primera Eucaristía y la Confirmación, a los que hay que añadir el de la Penitencia como preparación previa.
Cuando no se atiende a los padres en su propia formación cristiana, o no se favorece la implicación de los padres en la educación cristiana de sus hijos, o no motivan en sus hijos el despertar religioso, o fracturan el proceso con una visión parcial de los sacramentos o de la misma catequesis, se estará dificultando seriamente el lograr los objetivos de la Iniciación cristiana.
2. Itinerario de la Iniciación cristiana para adultos no bautizados
Importancia
33. Es el itinerario más significativo y característico de toda la compleja acción de la Iglesia que es la Iniciación cristiana, de tal manera que los demás itinerarios se han organizado teniéndolo como referencia y modelo. Fue restaurado por el Concilio Vaticano II [46] y es descrito con todo detalle en las observaciones generales y en los tres primeros capítulos del Ritual de la Iniciación cristiana de Adultos [47]. El incremento de la inmigración y la extensión de los ambientes de increencia han generado, en nuestra diócesis, una demanda creciente de candidatos adultos al proceso de Iniciación cristiana.
Estos casos requieren, por tanto, un planteamiento catecumenal específico, según establecen las Normas diocesanas para la Iniciación Cristiana de adultos y de niños llegados al uso de razón para ambas situaciones [48]. Para facilitar a los párrocos y a sus colaboradores la actuación adecuada en estas circunstancias, se ha establecido en la Diócesisel Servicio diocesano para el Catecumenado, como organismo encargado de promover y coordinar la pastoral catecumenal, vinculado a las delegaciones diocesanas de Enseñanza y Catequesis, y de Liturgia y Piedad popular, recabando también la colaboración de la Delegación diocesana de Pastoral Familiar. Por tanto, cuando se presenten estas peticiones, conviene consultar y seguir las indicaciones del mencionado Servicio que les ayudará en cada caso, atendidas las circunstancias particulares de las personas que desean entrar en la Iglesia Católica [49].
El catecumenado
34. El Derecho Canónico determina que “el adulto que desee recibir el Bautismo ha de ser admitido al catecumenado y, en la medida de lo posible, ser llevado por pasos sucesivos a la Iniciación cristiana, según el Ritual de Iniciación adaptado por la Conferencia Episcopal y atendiendo a las normas peculiares dictadas por la misma” [50]. De suyo, debe seguirse el capítulo I del Ritual de la Iniciación cristiana de Adultos, que comprende el itinerario completo porgrados y etapas (nn. 68-239). No obstante, se puede seguir el rito simplificado, descrito en el capítulo II (nn. 240-277) [51]. En caso de peligro de muerte, se usará el capítulo III (nn. 278-305).
Descripción del itinerario
35. El desarrollo normal del itinerario completo comprende, por tanto,los siguientes pasos:
a) El precatecumenado, tiempo de anuncio misionero. Una vez que el candidato ha pedido el Bautismo, se plantean las preguntas de sentido que afectan a su vida, y se realiza el primer anuncio de Jesucristo. Desde este inicio, juega un papel muy importante la persona que ha hecho la mediación humana para llegar a esta petición. Este fiador o fiadora del que habla el RICA, junto con la comunidad de origen, tendrá por misión acompañar a quien desea ser cristiano [52]. Esta etapa se inicia con la admisión al precatecumenado, realizada ante un grupo de fieles en el momento más oportuno después de recibida la petición del Bautismo.
b) El catecumenado propiamente dicho, que se inicia con la Entrada en el catecumenado [53]. Esta etapa integra cuatro aspectos: 1. Catequesis apropiada, básica e integral, cuyo objetivo es conducir al catecúmeno al íntimo conocimiento del misterio de la salvación; 2. Práctica de la vida cristiana en un “cambio progresivo de sentimientos y costumbres, que debe manifestarse en sus consecuencias sociales” [54]; 3. Participación en la Liturgia de la Palabra y en la oración de la Iglesia; 4. Experiencia de cooperación en alguna de las tareas misioneras o asistenciales de la comunidad cristiana [55]. Durante el catecumenado tienen lugar celebraciones de exorcismo y bendiciones que ayuden al catecúmeno a convertirse al Señor y a cambiar de vida.
c) El tiempo de la purificación y de la iluminación, durante la Cuaresma del año en que va a recibir los sacramentos de la Iniciación. Esta etapa da comienzo con el Rito de la elección, y se celebra el primer domingo de Cuaresma. Durante esta etapa se hacen los escrutinios y las entregasdel Símbolo y del Padrenuestro, y los ritos preparatorios [56].
d) La celebración de los tres sacramentos de la Iniciación en la Vigilia pascual o en un domingode Pascua, en la Catedral o en la parroquia, presidiendo el Obispo o un delegado suyo de acuerdo con el Ritual. Esta celebración abre a su vez el tiempo de la mistagogia como profundización en el misterio pascual y que debe llenar toda la Cincuentena pascual hasta Pentecostés [57].
Forma simplificada
36. La forma simplificada [58], se desarrolla, a su vez, en tres etapas:
a) El “rito de admisión a la catequesis”, a modo de entrada en el catecumenado, al comienzo de las sesiones catequéticas, una vez que se ha dialogado con la persona que pide el Bautismo y se le ha señalado un garante o fiador.
b) Después de un tiempo de catequesis, cuando el catecúmeno esté suficientemente iniciado en la fe cristiana, se pasa a la segunda etapa o tiempo de purificación o iluminación en la que se prepara para la celebración de los sacramentos. En esta etapa se realizan el Rito de la elección, los escrutinios y las entregasdel Símbolo y del Padrenuestro.
c) Finalmente se celebran los tres sacramentos de la Iniciación cristiana en la Vigilia pascual o en un domingo, y se entra en el tiempo de la mistagogia o tercera etapa, en la que se sigue acompañando al que ha sido iniciado, con una participación más intensa en la Eucaristía y en la vida litúrgica de la comunidad cristiana.
3. Itinerario de la Iniciación de niños y adolescentes no bautizados, llegados al uso de la razón o en edad escolar
Importancia
37. En este apartado se describe el itinerario de Iniciación cristiana que se ha de seguir cuando se pide el Bautismo para un niño que ha llegado ya a la edad del discernimiento. En efecto, como ya se ha indicado, han aumentado en nuestra diócesis las peticiones del Bautismo no sólo en favor de personas adultas sino también de niños llegados al uso de la razón, generalmente cuando se acerca la Primera Comunión.
Aunque en ambos casos se trata de situaciones diferentes desde el punto de vista de la madurez humana y de la posible experiencia religiosa, deben tenerse muy presentes estos importantes criterios: 1º. “Las disposiciones de los cánones sobre el bautismo de adultos se aplican a todos aquellos que han pasado de la infancia y tienen uso de razón” [59]; 2º. Los niños llegados al uso de la razón y no bautizados aún, han de responder por sí mismos en los ritos previos y en la profesión de fe que precede al Bautismo, de manera que no les pueden suplir sus padres o padrinos [60]; 3º. En consecuencia, no puede usarse el Ritual del Bautismo de Niños, porque hacerlo sería privar al que va a ser incorporado a la Iglesia de lo que significa la libertad humana y la respuesta al don de Dios, en la parte que corresponde al hombre en la Iniciación cristiana. Lo que ha de hacerse es aplicar el capítulo V del Ritual de la Iniciación cristiana de los Adultos, titulado precisamente Ritual de la Iniciación de los Niños en edad catequética [61], y acudir al Servicio diocesano para el Catecumenado, ya aludido.
Descripción del itinerario
38. En cuanto proceso de la Iniciación cristiana, el catecumenado de niños contiene también un proceso catequético y litúrgico específico, que incorpora los elementos fundamentales del camino que han de recorrer, a saber, el anuncio y acogida de la Palabra de Dios, la iniciación al conocimiento de la fe, el aprendizaje y el ejercicio de la vida cristiana, el itinerario ascético-penitencial de la vida del creyente, la celebración de los escrutinios y la de los sacramentos, en todo momento con la participación en la comunidad. En efecto, como ya se ha indicado, “la Iniciación cristiana de los niños en edad catequética tiene su referencia en el catecumenado de adultos y por ello el modelo es el descrito en el RICA, del que deben hacerse adaptaciones propias para un catecumenado de niños”[62]:
Cuatro son los tiempos que se suceden:
- Precatecumenado, caracterizado por el primer anuncio;
- Catecumenado, destinado a la catequesis integral;
- Iluminación y purificación cuaresmal, para proporcionar una preparación espiritual más intensa;
- Mistagogia, señalado por la nueva experiencia de los sacramentos y de la comunidad.
Los ritos y celebraciones fundamentales en el catecumenado de niños son:
- Rito de entrada en el catecumenado
- Escrutinios o ritos penitenciales
- Celebración de los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Eucaristía en el tiempo y modo oportunos.
4. Itinerario de Iniciación cristiana de Adultos bautizados
39. El último itinerario que se describe es el destinado a los adultos ya bautizados que desean completar su Iniciación cristiana celebrando los sacramentos que aún no han recibido, es decir, la Confirmación y la Eucaristía, o avivar su fe aunque ya hayan recibido todos los sacramentos, pero viven alejados de la Iglesia. Por tanto se trata de situaciones diferentes de suyo, pero semejantes en gran medida.
El Ritual equipara estos casos al del adulto que ha sido bautizado en peligro de muerte, y advierte que “su condición difiere de la condición de los catecúmenos, puesto que aquellos ya han sido introducidos en la Iglesia y hechos hijos de Dios por el Bautismo. Por tanto, su conversión se funda en el Bautismo ya recibido, cuya virtud deben desarrollar después” [63].
VI. Disposiciones
1. La catequesis parroquial
40.Es un deber propio y grave, sobre todo de los párrocos y de quienes se les equiparan, en virtud de su oficio, el cuidar la catequesis del pueblo cristiano, especialmente de los niños y jóvenes, y el promover la responsabilidad de los padres en la formación de sus hijos en la fe y en la práctica de la vida cristiana, siguiendo las orientaciones y normas de este Directorio [64].
41. Incúlquese a los fieles y pónganse los medios oportunos para que los más pequeños se incorporen lo antes posible a la catequesis ordinaria parroquial, y que se garantice la continuidad de todo el proceso de formación en la fe, integrando la esmerada preparación de los sacramentos de la Iniciación en el itinerario, de manera que no se produzcan interrupciones después de la Primera Comunión y se facilite la continuidad, en la medida de lo posible, después de la Confirmación.
42. En la catequesis ordinaria han de usarse obligatoriamente los catecismos de la Comunidad cristiana aprobados por la Conferencia Episcopal Española, haciendo lo posible para que los tengan los niños y adolescentes. Para la catequesis de adolescentes, jóvenes y adultos es muy conveniente que se difunda y se use el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católicapublicado en 2005. No obstante, podrán usarse otros materiales como apoyo, con tal que sigan, como base, el texto de los mencionados catecismos y cuenten con licencia eclesiástica expresa [65]. A los catequistas se les invita a que conozcan y usen para su propia formación, como educadores en la fe, la edición completa del Catecismo de la Iglesia Católica. Téngase en cuenta todo esto en las escuelas de catequistas.
2. Los sacramentos en el Itinerario normal:
A) EL BAUTISMO DE LOS NIÑOS
Petición
43. La petición del Bautismo de párvulos debe hacerse cuanto antes, incluso en fechas anteriores al nacimiento, para que los niños sean bautizados lo antes posible y los padres puedan prepararse debidamente. En efecto, “los padres tienen obligación de hacer que sus hijos sean bautizados en las primeras semanas”[66]. Si el niño se encuentra en peligro de muerte, ha de ser bautizado sin demora [67].
Preparación
44. La celebración del sacramento deberá estar precedida, salvo en el caso de necesidad, de la preparación de los padres, que se debería ampliar también a los padrinos [68]. De suyo, no se accederá al bautismo de un niño sin esta preparación previa, de la que habrá que dar constancia escrita si el bautismo se ha de realizar en otra parroquia distinta de la de los padres. Para la preparación pueden ser útiles las visitas domiciliarias, las catequesis prebautismales, etc. Las parroquias o unidades pastorales concretarán el modo de realizar esta preparación que ha de comprender, al menos, dos o tres encuentros con los padres. El Ritual del Bautismo de Niños ofrece sugerencias para explicar el ministerio y las funciones de los padres en el bautismo de los hijos [69].
Padrinos
45. “Dada la situación actual de nuestra sociedad y de un número importante de familias y personas que piden el bautismo para los niños, se ha de poner especial cuidado en la elección de los padrinos, quienes han de asistir en su iniciación cristiana al niño y han de procurar que, al crecer, lleve una vida de conformidad con su dignidad de cristiano [70]. Por tanto, para que un fiel cristiano pueda ser admitido como padrino o madrina se requieren estas condiciones: ha de ser elegido por los padres del niño o por quien ocupe su lugar; ha de tener capacidad para esta misión e intención de realizarla; tener cumplidos 16 años, a no ser que, por justa causa, el párroco o el ministro consideren admisible una excepción; estar confirmado, haber recibido la Eucaristía y llevar una vida congruente con la fe y con la misión que va a asumir; no estar incurso en una pena canónica; y no ser padre ni madre del bautizando [71]. Cuando el párroco no conozca a los padrinos o no tenga certeza de que reúnen las condiciones señaladas, por ejemplo, si ha recibido los sacramentos de la Iniciación cristiana, se aconseja que pida la oportuna certificación escrita. Téngase sólo un padrino o unamadrina, o también uno y una [72].
Situaciones especiales
46. Cuando los que piden el bautismo para un niño son personas no creyentes o en absoluto no practicantes o que viven en una situación canónica irregular, de manera que no haya esperanza fundada de que el niño va a ser educado en la religión católica, se debe diferir el bautismo, haciendo saber la razón a estas personas [73]. En el diálogo con ellas conviene dejar claro que la negativa no es una sanción ni una coacción, sino una invitación a reflexionar sobre las consecuencias de su forma de vida para la futura educación cristiana del que ha de ser bautizado.
Ahora bien, no se puede negar el bautismo cuando exista una promesa seria de un miembro de la familia, máxime si tiene la conformidad de los padres, de educar cristianamente al niño, o cuando una persona cualificada de la comunidad asuma este compromiso. Si tampoco se logra esta solución, se podrá proponer como último recurso la inscripción del niño con miras a un catecumenado al llegar al uso de la razón [74].
Lugar de la celebración
47. “Fuera del caso de necesidad, el lugar propio para el bautismo es una iglesia u oratorio. Como norma general, el adulto debe bautizarse en la iglesia parroquial propia, y el niño en la iglesia parroquial de sus padres, a no ser que una causa justa aconseje otra cosa” [75]. El Sínodo diocesano establece también que “los padres que solicitan el bautismo para sus hijos han de hacerlo en su propia comunidad parroquial, evitando, salvo circunstancias especiales, celebrarlo fuera de la parroquia” [76]. Los santuarios y las ermitas no pueden ser considerados como las iglesias parroquiales, aunque se encuentren dentro del territorio de una parroquia.
Para aceptar el bautismo de un feligrés de otra parroquia se habrán de cumplir estas dos condiciones: a) que el que ha de ser bautizado no pueda ser llevado sin grave inconveniente a la iglesia parroquial, a causa de la lejanía o de otras circunstancias [77]; b) y que los padres acrediten por escrito haber recibido la preparación oportuna como se indica anteriormente (cf. n. 43), o bien que reciban esta preparación en la parroquia en la que solicitan el bautismo para su hijo.
Tiempo de la celebración
48. Para manifestar la índole pascual del Bautismo, se encarece su celebración en la Vigilia pascual o en domingo[78]. Por este motivo y por ser la Cuaresma un tiempo de renovación de la conciencia bautismal de los fieles, parece oportuno que durante ella no se celebre dicho sacramento[79]. Las parroquias con muchos bautismos establecerán un calendario adecuado, con fechas significativas de celebraciones, del que deben informar a los fieles para facilitar la preparación y la celebración comunitaria del sacramento. Si alguna familia pide otra fecha u hora distintas de las previstas, estúdiense con objetividad y comprensión las razones aducidas, evitando que el bautismo parezca un acto privado y desligado de la vida parroquial.
La celebración del sacramento
49. Se procurará que la celebración sea viva y fructuosa, con la participación de la comunidad. Cuando los bautismos sean numerosos, se podrá reunirlos en una misma celebración. En efecto, “la naturaleza de este sacramento y la misma estructura del rito exigen una celebración comunitaria, que no se define solamente por el mayor o menor número de los bautizados, sino, sobre todo, por la participación activa de la comunidad local. Una celebración sin comunidad deberá constituir siempre una excepción” [80]. Si el bautismo se hace dentro de la Misa se tomarán las lecturas y los restantes textos del día. No obstante, en los domingos de Navidad y del Tiempo Ordinario se puede tomar una de las lecturas del Ritual del Bautismo de los Niños. Es muy importante también elegir los cantos más oportunos. Los padres y padrinos deben conocer las respuestas y demás intervenciones que les competen [81].
Anotación del Bautismo
50. El nuevo bautizado ha de ser inscrito siempre y sin demora en el Libro de Bautismos de la parroquia donde se haya celebrado el sacramento [82], enviándose la copia al Obispado al terminar el año.
En los casos en que no conste suficientemente el matrimonio canónico de los padres entre sí, para que exista la adecuada concordancia entre el asiento parroquial y el Registro Civil, el párroco ha de solicitar de los padres que aporten certificación literal de nacimiento del niño, expedida por el Registro Civil, antes de hacer la anotación correspondiente.
51. En caso de adopción, para aplicar correctamente el canon 877,3 y el art. 9 del Primer Decreto General de la Conferencia Episcopal EspañolasobreNormas complementarias del Código de Derecho Canónico, en lo referente tanto al asiento de bautismo de los niños que en el momento de ser adoptados no estaban bautizados, como a la modificación del asiento bautismal si ya estaban bautizados cuando se produjo la adopción, los sacerdotes enviarán a la Vicaría General la documentación civil de la adopción acompañada de un escrito explicativo de esa situación, y acatarán la resolución que se dicte al respecto [83]. Se debe recordar que los datos de la adopción son confidenciales, y el acceso a los mismos debe estar justificado por quien tenga un interés legítimo, circunstancia que requiere el permiso escrito del Ordinario del lugar.
52. En las inscripciones de bautismos sin datos de familia, por ejemplo, cuando los niños fueron recibidos en régimen de acogida familiar, es decir, sin que haya una sentencia firme de adopción: en estos casos los niños serán bautizados, si lo solicita la familia acogedora y siempre que haya certeza moral de que no fueron bautizados anteriormente. Celebrado el bautismo, se inscribirá en el libro correspondiente el nombre, fecha de nacimiento, lugar de nacimiento, fecha del bautismo, ministro y padrinos de la celebración, pero no se reseñarán los apellidos de la familia acogedora, al no existir aún sentencia firme de adopción. En nota marginal se hará constar que este niño/a se encuentra en régimen de acogida familiar. Luego, cuando se produzca la adopción plena, será tramitado en el Obispado el correspondiente expediente de cara a completar los datos de la inscripción bautismal. Es conveniente dar a conocer estas advertencias a la familia acogedora.
B) LA CONFIRMACIÓN
Condiciones para recibirla
53. La edad para la recepción del sacramento de la Confirmación en la Diócesis de León es "en torno a los 14 años", salvo que exista peligro de muerte [84]. El candidato ha de estar bautizado y en estado de gracia [85], y contar con la conveniente instrucción y disposición para renovar las promesas bautismales [86].
54. Además de la catequesis ordinaria parroquial (cf. supra nn. 20; 31; 41), los candidatos deben recibir una preparación intensiva y próxima sobre el sacramento de la Confirmación y su significado eclesial y espiritual, así como sobre la participación en la Eucaristía una vez que han sido confirmados [87]. En el caso de aquellos que interrumpieron la catequesis ordinaria, se deberá exigir una instrucción adecuada que, en el caso de los adolescentes, durará, al menos, tres años, para tener la garantía de que se reúnen las condiciones señaladas anteriormente.
55. La responsabilidad de la admisión de los candidatos a la Confirmación corresponde al párroco, el cual deberá formarse un juicio sobre la aptitud de cada candidato, consultando, si es necesario, al catequista. Deben considerarse como indicios de las condiciones requeridas, además de un claro progreso en la fe, la asistencia no interrumpida, sobre todo después de la Primera Comunión, a la catequesis ordinaria de la Iniciación cristiana o a la instrucción señalada antes; la participación habitual en la Eucaristía dominical y festiva; y el no contradecir con la forma de vida el significado del sacramento que se va a recibir. Cuando el candidato proceda de otra parroquia, se ha de tener constancia por escrito de la conformidad del párroco propio, incluso si la preparación ha tenido lugar en un colegio católico [88].
56. Se procurará asegurar la perseverancia de los confirmados intensificando el carácter mistagógico de la formación cristiana y orientándolos hacia un mayor conocimiento de Jesucristo y de la Iglesia, especialmente en la Eucaristía dominical y en la celebración de la Penitencia [89]. Es el momento de la pastoral juvenil y vocacional [90].
57. "Los católicos aún no confirmados deben recibir el sacramento de la Confirmación antes de ser admitidos al Matrimonio, si ello es posible sin dificultad grave" (CDC c. 1065,1).
Tiempo y lugar de la celebración
58. El sacramento de la Confirmación se celebrará de suyo dentro de la Cincuentena pascual, pudiendo celebrarse también en el tiempo "durante el año", a poder ser en domingo. El lugar de la Confirmación es la iglesia parroquial propia, salvo cuando se reúnen candidatos procedentes de una misma Unidad Pastoral o arciprestazgo [91]. El Obispo puede celebrar el sacramento de la Confirmación en la Catedral o en otra iglesia [92]. Supuesta la asistencia a la catequesis ordinaria parroquial, los colegios católicos podrán impartir una preparación intensiva para la Confirmación, con el consentimiento expreso de los párrocos respectivos de los alumnos y siempre que se haga fuera del horario académico [93].
Ministro
59. "En el rito latino, el ministro ordinario de la Confirmación es el Obispo" (CDC c. 882). Aunque el Obispo puede, por razones graves, conceder a uno o varios presbíteros la facultad de administrar la Confirmación y asociar a otros presbíteros en la administración del sacramento (cf. CDC c. 884), es conveniente que lo confiera él mismo[94]. En el caso de peligro de muerte, el párroco e incluso cualquier presbítero puede confirmar (cf. CDC c. 883,3º).
Padrinos
60. Es conveniente que cada confirmando tenga un padrino o una madrina [95]. El confirmando o sus padres deben elegir para esta función a una persona que reúna estas condiciones: haber cumplido ya dieciséis años y completado su Iniciación cristiana, llevar una vida coherente con la fe y con la misión que va a asumir, y no ser el padre o la madre del que se confirma [96]. "Es conveniente que se escoja como padrino a quien asumió esa misión en el bautismo" [97]. En algunos casos puede ser oportuno que se elija al catequista, pero no ha de ser el grupo el que lo haga sino el que se va a confirmar o sus padres.
La celebración del sacramento
61. Para la celebración de la confirmación se seguirán fielmente las indicaciones del Ritual y las orientaciones diocesanas al respecto, procurándose que la acción litúrgica revista la dignidad y el ambiente necesarios para la participación consciente, activa y fructuosa de los que se han de confirmar así como de los demás fieles asistentes.
Anotación de la Confirmación
62. En el Libro de Confirmados se consignarán los nombres de los fieles que reciben la Confirmación, dejando constancia también del ministro, del lugar y de la fecha de la celebración. El párroco cuidará asimismo de hacer la anotación oportuna al margen de la partida de Bautismo en el Libro de Bautizados, o informará cuanto antes del sacramento recibido al párroco del lugar del Bautismo, cuando el confirmado es de otra parroquia, a tenor de lo dispuesto en el canon 535,2 [98].
C) LA PRIMERA EUCARISTÍA
Deber de los padres y responsabilidad del párroco
63. "Los padres en primer lugar y quienes hacen sus veces, así como también el párroco, tienen obligación de procurar que los niños se preparen convenientemente y se nutran cuanto antes, previa confesión sacramental, con este alimento divino" (CDC c. 914). Por tanto, deben ser admitidos ya a la participación en la Primera Eucaristía los niños llegados a la edad de la discreción con la preparación adecuada, de manera que entiendan el misterio de Cristo en la medida de su capacidad y puedan recibir el Cuerpo de Cristo con fe y devoción [99]. Allí donde la Primera Comunión se recibe a los diez años de edad con apenas dos años de catequesis, los párrocosprocurarán con prudencia ir acomodando la práctica a lo que se establece en este Directorio, adelantando, cuando sea necesario, el momento de la incorporación de los niños a la catequesis ordinaria o de la Comunidad(cf. supra nn. 20; 31; 41). En cualquier caso, ha de garantizarse la continuidad del proceso catequético después de la Primera Comunión.
64. Además de la catequesis ordinaria, se ha de facilitar a los niños una preparación próxima a la Primera Comunión, que comprenda no sólo el conocimiento suficiente para recibir el Cuerpo de Cristo sino también una adecuada iniciación en la participación en la Santa Misa conforme a su edad [100], de manera que adquieran el hábito de asistir a ella los domingos, y una oportuna formación de la conciencia moral que incluya el dolor por el pecado y la confianza en el perdón divino.
65. "Puede administrarse la santísima Eucaristía a los niños que se hallen en peligro de muerte, si son capaces de distinguir el Cuerpo de Cristo del alimento común y de recibir la comunión con reverencia" (CDC c. 913,2). Se tendrá una consideración especial para con los niños con limitaciones físicas o psíquicas, adaptándose a su situación. En el caso de los celíacos, se procederá según las normas establecidas [101].
Celebración del sacramento de la Penitencia
66. En ningún caso se administrará la Primera Eucaristía sin haber iniciado previamente al que va a recibirla en el sacramento de la Penitencia (cf. supra n. 28). Se exceptúa el caso de niños con discapacidad psíquica.
67. La admisión de los niños a la Primera Comunión es competencia del párroco, el cual deberá dialogar con los padres con la debida antelación. Una vez recibida la Eucaristía por primera vez, los párrocos deben fomentar la Penitencia y la Comunión frecuentes de los niños y adolescentes, insistiendo en la participación en la Misa dominical y en la necesidad de comulgar siempre con las debidas disposiciones.
Tiempo y lugar
68. Como es tradicional, el tiempo más apropiado para la Primera Comunión de los niños es la Cincuentena pascual, preferentemente los domingos. En cuanto al lugar, “es muy importante que los niños, salvo en circunstancias excepcionales, reciban la preparación y celebren la Primera Comunión en el seno de la comunidad parroquial a la que pertenecen sus padres” [102]. Supuesta la asistencia a la catequesis ordinaria parroquial, los colegios católicos podrán impartir una preparación intensiva para la Primera Comunión, con el consentimiento expreso de los párrocos respectivos de los alumnos y siempre que se haga fuera del horario académico[103].
3. La Iniciación cristiana de los adultos y de los niños no bautizados en su infancia (Itinerarios 2 y 3)
En general
69. Cuando se solicite el sacramento del Bautismo para un adulto o para un niño que ha llegado ya a la edad de la discreción, se seguirán los criterios expuestos en este directoriopara el catecumenado previo y la celebración de los sacramentos, informando y recabando el asesoramiento del Servicio diocesano para el Catecumenado (cf. supra, nn. 33-36 y 37-38, respectivamente).
Iniciación de Adultos
70. Por tanto, “para que pueda bautizarse a un adulto, se requiere que haya manifestado su deseo de recibir este sacramento, esté, suficientemente instruido sobre las verdades de la fe y las obligaciones cristianas y haya sido probado en la vida cristiana mediante el catecumenado; se le ha de exhortar además a que tenga dolor de sus pecados” [104]. “A no ser que obste una causa grave, el adulto que es bautizado debe ser confirmado inmediatamente después del bautismo y participar en la celebración eucarística, recibiendo también la comunión” [105].
71. El catecumenado de un adulto, fuera del caso de necesidad, puede realizarse siguiendo la forma por etapas y grados o bien la forma simplificada descrita más arriba, siguiendo en este caso el capítulo II del Ritual de la Iniciación cristiana de adultos [106]. Es importante también, dado el gran valor instructivo de los ritos, que los principales momentos del Catecumenado se hagan con la participación de la comunidad parroquial, previa una oportuna catequesis.
72. La celebración conjunta de los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Eucaristía tendrá lugar en la Vigilia pascual, preferentemente en la Catedral presidiendo el Obispo, o en la parroquia actuando el párroco o un delegado del Obispo. Si no fuere posible la celebración en la Vigilia Pascual, los sacramentos de la Iniciación cristiana se conferirán en un domingo del tiempo pascual o en otro domingo.
Iniciación de niños en edad de discreción
73. En los casos de petición del Bautismo para niños que han llegado ya a la edad de la discreción, no es lícito tampoco prescindir del proceso catecumenal adaptado a ellos, pretendiendo sustituirlo por la mera asistencia a la catequesis ordinaria de los niños ya bautizados y, a veces, ni siquiera ésta, y celebrando el sacramento con el Ritual destinado a los párvulos. Como se ha dicho anteriormente (cf. n. 37), el Derecho Canónico equiparaen la normativa fundamental a los que han pasado la infancia y tienen uso de razón y a los adultos, para que puedan asumir de manera consciente el paso del pecado a la graciay responder por sí mismos en el rito sacramental, según la capacidad que ya tienen [107].
74. Ahora bien, es sumamente conveniente que, en este verdadero catecumenado adaptado a la condición infantil o juvenil de los que piden el Bautismo, los candidatos realicen conjuntamente las diversas etapas o, según las circunstancias, sean acompañados por los “compañeros de su edad, bautizados ya de tiempo atrás, que se preparan en la catequesis para la Confirmación y la Eucaristía”. De este modo, “la iniciación que reciben avanza progresivamente y se apoya sobre la base del mismo grupo catequético" [108]. Por eso, los demás niños han de ser informados del itinerario peculiar de su compañero e invitados a acompañarle de forma amistosa y testimonial, al mismo tiempo que ellos mismos avanzan en su propio itinerario.
75. El proceso catecumenal debe concluir, normalmente, en la celebración conjunta de todos los sacramentos de la Iniciación cristiana. Así se hará en el caso de los adolescentes, debiendo ofrecerse la celebración del bautismo al Obispo, como en el caso de los adultos, cuando los candidatos “han cumplido catorce años, para que lo administre él mismo, si lo considera conveniente” [109]. Cuando se trate de niños y preadolescentes, se administrarán los sacramentos del Bautismo y de la Primera Eucaristía en la misma celebración, dilatándose el momento de recibir la Confirmación para cuando la haga el grupo de compañeros que ha acompañado en su proceso al que se iba a bautizar[110].
[1] Sínodo n. 7,2; cf. nn. 7-12; 13-19; etc. No en vano, el anuncio del Evangelio constituye la razón de ser y la vocación permanente de la Iglesia, esto es, el anuncio del Evangelio: cf. S.S. Pablo VI, Exhort. Apost. Evangelii Nuntiandi, de 8-XII-1975, n. 14.
[2] Cf. Diócesis de León, Plan pastoral diocesano 2003-2008. “Para edificación de la Iglesia” (1 Cor 14,12), León 2003, pp. 30-33.
[3]“Los grupos sinodaleshan pedido que ‘la diócesis haga una decidida opción por la catequesis, de forma que realmente se reconozca su preferencia como una acción de toda la comunidad, esté abierta a todos los miembros de la misma y sea promovida por todas las parroquias’(Propuestas 71, 72 y 75)”: Sínodo n. 56,5.
[4] “Unificar criterios pastorales, fomentar el sentido de comunión y el apostolado asociado, e impulsar a trabajar en conjunto y coordinación”: Sínodo n. 220,4.
[5] Ceremonial de los Obispos, de 14-IX-1984, CELAM 1991, n. 404; cf. 42-45; LG 26; CD 15; CDC, c. 387; 863; ICRO 14-16.
[6] Cf. Ib., Ceremonial de los Obispos, cit., nn. 404-405; Congregación para el Clero, Directorio para el ministerio pastoral de los Obispos, Libreria Editrice Vaticana 2004, nn. 149-150.
[7] CDC, c. 515,1; cf. SC 42; LG 26; 28; CD 15; PO 5.
[8] Cf. ICRO 32; 34-38.
[9] ICRO 33.
[10] ICRO 33; cf. CDC,c. 858. La catedral ha de tener pila bautismal, aunque no sea parroquia, para que el Obispo celebre el Bautismo al menos en la Vigilia pascual: cf. Ceremonial de los Obispos, cit., nn. 52; 355. En efecto, “aunque el Obispo ejerce su ministerio de santificación en toda la diócesis, éste tiene su centro en la iglesia catedral, que es como la iglesia madre y el punto de convergencia de la Iglesia particular”: S.S. Juan Pablo II, Exhort. Apost. Pastores gregis, de 16-X-2003, n. 34.
[11] Cf. Juan Pablo II, Exhort. Apost. Pastores gregis, cit., n. 38; Directorio para el ministerio pastoral de los Obispos, cit, nn. 149-150.
[12] Cf. CDC, c. 528; 530; 535; 540; etc.
[13] Cf. CDC, c. 776; 780; etc. DGC, 233-252.
[14] Cf. CDC, c. 226,2; 529,1; 774,2; etc.
[15] Cf. CDC, c. 874,2; 851; 855; etc.
[16] DGC 11.
[17] “Uno de los hechos más graves acontecidos en Europa durante el último medio siglo ha sido la interrupción de la transmisión de la fe cristiana en amplios sectores de la sociedad. Perdidos, olvidados o desgastados los cauces tradicionales (familia, escuela, sociedad, cultura pública), las nuevas generaciones ya no tienen noticia ni reconocen signos del Dios viviente y verdadero o de la encarnación, muerte y resurrección de Jesucristo por nosotros. Comprobamos que en proporciones altas no estamos logrando transmitir la fe a las jóvenes generaciones.Hay que recomenzar la misión por el principio y por lo más elemental y afrontar una evangelización, con especial atención a la Iniciación cristiana”: 77ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española,Plan Pastoral 2002-2005. Una Iglesia Esperanzada. “Mar adentro” (Lc 5,4), EDICE 2003, n. 28. Lo mismo se afirma prácticamente en la 86ª Asamblea Plenaria, Plan Pastoral 2006-2010. “Yo soy el pan de la vida” (Jn 6,35), EDICE 2006, nn. 13-14 y 17-18.
[18] Discurso del Papa Juan Pablo II al CELAM, 9-III-1983, Acta Apostolicae Sedis, (1983-I) 777-779.
[19] "Mediante los sacramentos de la Iniciación cristiana, el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, se ponen los fundamentosde toda vida cristiana... En efecto, los fieles renacidos en el Bautismo se fortalecen con el sacramento de la Confirmación y finalmente, son alimentados en la Eucaristía con el manjar de la vida eterna, y, así por medio de estos sacramentos de la Iniciación cristiana, reciben cada vez con más abundancia los tesoros de la vida divina y avanzan hacia la perfección de la caridad'": CCE 1212. Véase también el Ritual de la Iniciación cristiana de los Adultos, Coeditores litúrgicos 1976, Orientaciones generales, nn. 1-2.
[20] "En toda celebración del Bautismo la Iglesia confiesa que la participación en la vida divina es un don del amor universal, precedente y gratuito del Padre. Esto es aún más manifiesto en el Bautismo de los párvulos, practicado por la Iglesia desde la antigüedad, ante la petición de unos padres creyentes o favorables a la fe, y abiertos, al menos, a la futura educación cristiana de estos niños. Es, más todavía, signo del amor divino, si cabe, cuando se trata del bautismo de aquellos párvulos que están en peligro inmediato de muerte, o de aquellos que padecen graves deficiencias mentales": ICRO 69.
[21] Cf. ICRO 9-12; 17-19.
[22] RICA, Rito de entrada en el catecumenado, n. 75.
[23] Entiéndase bien, que incluso los bautizados de párvulos, son llamados por la Iglesia a una “catequesis postbautismal a modo de catecumenado para que capten y vivan las inmensas y extraordinarias riquezas y responsabilidades del Bautismo recibido”: S.S. Juan Pablo II, Exhort. Apost. Christifideles laici, de 30-XII-1988, n. 61. En efecto, "en todos los bautizados, niños o adultos, la fe debe crecer después del Bautismo. Por eso, la Iglesia celebra cada año en la noche pascual la renovación de las promesas del Bautismo. La preparación al Bautismo sólo conduce al umbral de la vida nueva. El Bautismo es la fuente de la vida nueva en Cristo, de la cual brota toda la vida cristiana": CCE 1254.
[24] CT 23; CCE 1074-1075.
[25] Cf. CCE 1229; ICRO 20.
[26] Cf. ICRO 29-30: El tiempo de la mistagogía.
[27] Cf. ICRO 21.
[28] Cf. DGC 144.
[29] Véase DGC 171 ss.: La catequesis por edades.
[30] “La catequesis es, así, elemento fundamental de la iniciación cristiana y está estrechamente vinculada a los sacramentos de la iniciación, especialmente al Bautismo, sacramento de la fe”: DGC 66. En este sentido, resulta clarificadora la afirmación del Cardenal J. Ratzinger: “El catecumenado es parte de un sacramento; no instrucción preliminar, sino parte constitutiva del sacramento mismo. Además, el sacramento no es la simple realización del acto litúrgico, sino un proceso, un largo camino que exige la contribución y el esfuerzo de todas las facultades del hombre, entendimiento, voluntad, corazón. También aquí ha tenido la disyunción funestas consecuencias; ha desembocado en la ritualización del sacramento y en el adoctrinamiento de la palabra, y, por tanto, ha encubierto aquella unidad que constituye uno de los datos esenciales de lo cristiano”, en Teoría de los principios teológicos, Barcelona, 1986, p. 40.
[31] “La misión de bautizar, por tanto la misión sacramental, está implicada por la Palabra de Dios y por la fe que es consentimiento a esta Palabra”: CCE 1122
[32] DGC 66; cf. CT 23; CCE 1074-1075; DGC 65-68 y 177-185; Sínodo 20-23; 54-57; 60-67; 68-75.
[33] Cf. CCE 5-6; DGC 60 ss.
[34] S.S. Pablo VI, Const. Apost. "Divinae Consortium Naturae", de 15-VIII-1971, en Ritual de la Confirmación, Coeditores litúrgicos 1976, p. 11; cf. LG 11; CCE 1285 y 1303.
[35] Cf. CCE 1285; ICRO 56; 90,2.5.
[36] Observaciones previas del Ritual de la Confirmación, cit., n. 13.
[37] ICRO 57; cf. CCE 1324-1327.
[38] ICRO 57; cf. CCE 1244; 1385-1389.
[39] ICRO 59; cf. CCE 1420-1422; CDC c. 914.
[40] Cf. CCE 14; 26; y la primera parte del Catecismo de la Iglesia Católica.
[41] Cf. CCE 15; 1066-1075; y la segunda parte del Catecismo de la Iglesia Católica.
[42] Cf. CCE 16; 1691-1698; y la tercera parte del Catecismo de la Iglesia Católica.
[43] Cf. CCE 17; 2558; y la cuarta parte del Catecismo de la Iglesia Católica.
[44] Cf. supra, nn. 9 y 11.
[45] Véase la parte dispositiva del Directorio. Ahora bien, las normas relativas a la Confirmación y a la Primera Comunión, serán aprobadas y publicadas más adelante.
[46] cf. SC 64.
[47] Cf. RICA, LaIniciación cristiana de Adultos, nn. 1-40, y nn. 68-305; véase también ICRO 24-30.
[48] Publicadas en el BOO de mayo-junio 2004, pp. 423-425, con su anexo: Orientaciones pastorales para el Catecumenado aprobadas por la LXXVIII Asamblea Plenaria de la C.E.E. en 2002, ib., 426-438. Posteriormente se publicaron también las Orientaciones pastorales para la Iniciación cristiana de niños no bautizados en su infancia, aprobadas en la LXXXIII Asamblea Plenaria de la C.E.E. en 2004: cf. BOO de noviembre-diciembre de 2004, pp. 1065-1102.
[49] Cf. BOO de mayo-junio 2004, pp. 424-425.
[50] CDC, c.851,1.
[51] Cf. ICRO 112-123; véanse también las Orientaciones pastorales para el Catecumenado, cit.
[52] Cf. ICRO 119-120.
[53] Cf. RICA 68-97.
[54] Cf. RICA Observaciones previas, n. 19.
[55] Cf. ICRO 121.
[56] Cf. RICA 133-207.
[57] Cf. ICRO 123; RICA 235-239.
[58] Cf. ICRO 112-122; RICA, cap. 2, nn. 240 ss.
[59] CDC, c. 852, 1.
[60] Cf. CDC, c. 865, 1.
[61] Cf. RICA. 306-369. Véanse así mismo las Normas diocesanas para la Iniciación cristianade adultos y de niños llegados al uso de razón, citadas supra, nota 45.
[62]Ib., n. 32.
[63] RICA 295; cf. ICRO 124.
[64] Cf. CDC, c. 773; 774,2; 775,1; 776; 777; 779; 780..
[65] Cf. CDC, c. 775,1-2; 779; Sínodo 58-59.
[66] CDC, c. 867, 1; RBN, Orientaciones doctrinales y pastorales, n. 44; Sínodo 139, 1.
[67] Cf. CDC, c. 867, 2.
[68] Cf. CDC, c. 851, 2; Sínodo 139,1-4; 140.
[69] Cf. RBN, Orientaciones doctrinales y pastorales, nn. 57-60, 87-98.
[70] Sínodo 139, 4; cf. CDC, c. 872; 874.
[71] CDC, c. 874,1; cf. RBN, Orientaciones generales, nn. 16-20.Llevar una vida congruente con la fe significa estar viviendo, pública y privadamente, en conformidad con la doctrina de la Iglesia Católica. Esto no ocurre en el caso del católico que notoriamente abandonó la fe, del casado en forma meramente civil, del que está conviviendo maritalmente y sin vínculo canónico, del que vive ajeno a toda práctica religiosa, etc.
[72] Cf. CDC, c. 873.
[73] Cf. CDC, 868, 1-2º.
[74] Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción sobre el Bautismo de los niños, de 20-X-1980, en. BOO de noviembre 1980, pp. 377 ss.
[75] CDC, c. 857; cf. c. 859-860; RBN, Orientaciones generales, nn. 49-53. Véase lo que se ha dicho antes a propósito de la existencia de la pila bautismal en las parroquias: cf. supra, n. 6.
[76] Sínodo 139, 5; cf. CDC c. 857,2.
[77] Cf. CDC, c. 859; cf. 858,2.
[78] Cf. CDC, c. 856; RBN, Orientaciones generales, n. 46; Sínodo 139, 6.
[79] Cf. RBN, Orientaciones generales, n. 47.
[80] RBN, Orientaciones generales, n. 61; cf. nn. 62; 64; 66 ss.
[81] Cf. RBN, Orientaciones generales, nn. 61-81.
[82] Cf. CDC, c. 877. En aquellos casos en los que no conste claramente la paternidad o la maternidad, se inscribirá sólo el nombre del bautizado, sin mencionar para nada el nombre de la persona o de las personas que han presentado al niño para el bautismo y su situación.
[83] Cf. “Boletín Oficial de la Conferencia Episcopal Española” 1, 1984, p. 102.
[84] Se trata de la edad establecida también por la Conferencia Episcopal Española en aplicación del canon 891: cf. "Decreto general de la C.E.E. sobre las normas complementarias al Nuevo Código", de 25-XI-1983, art. 10.
[85] En atención al don del Espíritu Santo: cf. CCE 1311.
[86] Cf. Observaciones previas del Ritual de la Confirmación, 12.
[87] "La Sagrada Eucaristía culmina la iniciación cristiana. Los que han sido elevados a la dignidad del sacerdocio real por el Bautismo y configurados más profundamente con Cristo por la Confirmación, participan por medio de la Eucaristía con toda la comunidad en el sacrificio mismo del Señor": CCE 1322.
[88] Cf. DGC 260.
[89] Cf. ICRO 42 y 29-30. Véanse también los nn. 41, 43 y 44.
[90] Cf. Sínodo 144,3-4; 332,3-4; 376,3.8; 382-385.
[91] Cf. Cf. supra, n. 6; Sínodo 143,3; 168,2-3.
[92] Cf. Ceremonial de los Obispos (1984), nn. 404-405.
[93] Cf. DGC 260.
[94] Cf. CCE 1312-1313.
[95] Cf. CDC, c. 892.
[96] Cf. CDC, c. 874, & 1, 4º y 5º.
[97] CDC, c. 893, & 2.
[98] Cf. CDC, c. 895; y Observaciones previas del Ritual de la Confirmación, cit., 14.
[99] “Desde las decisiones de San Pío X, se señala la "edad del discernimiento" y "uso de razón" para participar en la Eucaristía por primera vez... Por eso, no les exige una preparación superior o unos conocimientos completos de la doctrina cristiana, al considerar que se encuentran y se mantendrán en la etapa básica de formación catequética y de iniciación en todos los aspectos de la vida cristiana. En modo alguno la primera participación eucarística clausura la catequesis, sino que debe ser contemplada como una verdadera iniciación sacramental en el Misterio eucarístico para quienes, hechos ya hijos de Dios por el Bautismo, pueden comenzar a percibir ya las realidades de la salvación, según su capacidad y bajo la acción del Espíritu Santo”: ICRO 101-102; Decreto Quam singulari, I, AAS 2 (1910) 582.
[100] Para esto, síganse las orientaciones del Directorio para las Misas con Niños, de la Congregación para el Culto Divino, de 1-XI-1973, en varias publicaciones, como “Phase” 14 (1974) 210-227.
[101] “En muchos casos, los celíacos por su gran sensibilidad al gluten, requieren que se ponga a su disposición un segundo Cáliz en el cual la única materia que haya sido consagrada sea el vino y por ende sobre el cual no se haya llevado a cabo ni la partición ni la intinción del Pan eucarístico. Asimismo se debe disponer de un purificador cuyo uso fuera exclusivo del celíaco. Cuando se trate de la Primera Comunión..., se procurará que el niño o niña que padece la enfermedad se sienta respetado y apreciado por los demás niños, de manera que todos vean como algo natural y normal la solución que se adopte”: Comisión Episcopal de Liturgia, Nota sobre la Comunión de los celíacos, de 20-II-2003.
[102] Sínodo 145,5; Cf. 168,2-3; supra, nn. 5-6: Importancia de la parroquia.
[103] Cf. DGC 260.
[104] CDC, c. 865, 1; cf. c. 851, 1; ICRO 123.
[105] CDC, c. 866.
[106] Cf. ICRO 112-116; RICA, cap. 2, nn. 240 ss.
[107] Cf. CDC, c. 852,1.
[108] RICA 308 a; cf. 30; ICRO 136.
[109] CDC, c. 863.
[110] Cf. RICA 358; Orientaciones pastorales para la Iniciación cristiana de niños no bautizados en su infancia, nn. 54-55.
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