Este estado, si se atiende a la constitución divina y jerárquica de la Iglesia, no es intermedio
entre el de los clérigos y el de los laicos, sino que de uno y otro algunos cristianos son llamados por Dios para poseer un don
particular en la vida de la Iglesia y para que contribuyan a la misión salvífica de ésta, cada uno según su modo. (LG 43)