Los diáconos de la Diócesis Carlos Martínez y Ángel de la Varga recibirán la ordenación sacerdotal el próximo domingo 28 de junio. La celebración tendrá lugar en la S.I. Catedral, a las 18 h., y estará presidida por el Obispo diocesano, Mons. Julián López Martín.
Carlos Martínez tiene 28 años y es natural de Mansilla de las Mulas. Ha recibido su formación en los Seminarios Menor y Mayor de la Diócesis de León.Ángel de la Varga tiene 25 años, nació en Cifuentes de Rueda pero se crió en La Aldea del Puente. Ingresó en el Seminario Mayor de León una vez concluidos sus estudios de Bachiller.
La celebración paso a paso
La celebración del Sacramento del Orden Sacerdotal tiene algunos elementos significativos propios que la diferencian de una eucaristía ordinaria. Los ritos iniciales y la liturgia de la Palabra (las lecturas) tienen lugar como en una Misa habitual.Después del Evangelio, los candidatos a la ordenación son llamados y se pide su ordenación, testimoniando su idoneidad (esto suele hacerlo el Rector del Seminario). A continuación, el Obispo predica la Homilía. Seguidamente se suceden las promesas de los candidatos: Promesa de ejercer el ministerio presbiteral, de predicar la palabra de Dios, de celebrar los sacramentos, de orar por todo el pueblo de Dios, de entregarse por la salvación de los hombres y promesa de obediencia al Obispo. Hechas las promesas le siguen las Letanías de los santos (todos oran pidiendo la intercesión de la Iglesia del cielo) mientras los candidatos se postran en el suelo como señal de intensa oración. Terminado el rezo de las letanías corresponde el turno de la imposición de manos y oración consacratoria (es lo esencial en la ordenación, la imposición es el signo de transmisión del Espíritu Santo para el nuevo ministerio que ejercerán y la oración expresa la naturaleza de ese ministerio). Después de la imposición de manos del Obispo, el resto de los presbíteros también lo hacen. Concluido este rito los ya ordenados reciben la estola al modo presbiteral y la casulla, es decir, se revisten para la liturgia como lo que ya son. Posteriormente se ungen las manos (pues sus manos van a ofrecer el sacrificio a Dios para el bien del pueblo cristiano) y se les hace entrega del pan y el vino, que desde ahora van a consagrar en cada celebración de la Eucaristía. Por último, los nuevos presbíteros reciben el abrazo del Obispo y también del resto de sacerdotes, signo de la acogida en el presbiterio diocesano. A continuación sigue la celebración de la Misa como de costumbre yen ella concelebran ya los ordenados con el Obispo que los ha ordenado.