El pasado día 11 de mayo la tierra tembló en Lorca (Murcia). Un primer seísmo de 4,4 grados de intensidad a las 17 horas echó a las calles a la población. Hora y tres cuartos después un segundo movimiento, esta vez de 5,2 grados, acabó de sembrar el pánico y el dolor dejando nueve muertos, cientos de heridos, incontables edificios en ruinas y muchísimos destrozos. Lo demás, la primera noche a la intemperie, el funeral por las víctimas, los realojos en pueblos vecinos y en tiendas provisionales de los que perdieron sus casas, la revisión de edificios, etc., ha sido crónica sucesiva de consternación pero también de entereza y de solidaridad generalizada. Un sector de población muy afectado por la tragedia han sido los inmigrantes.
Ahora bien, salvo las imágenes tomadas en directo del campanario de una iglesia precipitándose al suelo y la vista aérea de la iglesia de Santiago, destruida en su totalidad, apenas se ha informado de los daños que han sufrido los edificios religiosos, de manera que en ninguna de las 13 iglesias se pueden reunir los fieles para la misa dominical. El domingo 15 se celebraron primeras comuniones en parques y jardines. Tampoco ha transcendido que la iglesia de un convento de monjas clarisas se vino abajo, o que el Obispo de Cartagena, a quien sorprendió en Murcia el primer temblor, se desplazó a Lorca encontrándose de lleno con el segundo impacto. Conocía bien la ciudad en la que había sido párroco diez años. “Será muy difícil de olvidar lo que vi”, ha declarado. “Me rodeaban el desconcierto más absoluto, los rostros del nerviosismo, de la impotencia, de la incomprensión. Entonces, lo único que podía hacer era escuchar, atender y prestar mi hombro para que la gente expresara los sentimientos que brotaban de su corazón”. Después ha notificado que el sagrario de la iglesia de Santiago quedó bajo los escombros. Todo un símbolo de que Jesucristo está entre los que sufren.
Consciente de la magnitud de la desgracia, el obispo ha pedido la ayuda de toda la comunidad cristiana. Y, muy especialmente, de los sacerdotes para que ayuden a los feligreses a asumir la situación con espíritu de fe y de esperanza: “A ellos también les vi llorar, impotentes al ver los destrozos en las iglesias. Les acompaño y les pido que sean testigos de la presencia de Dios. Los edificios se pueden volver a levantar, pero hemos de recuperar a las personas tomadas por el miedo”.
La diócesis de León ha abierto dos cuentas en Caja España-Duero para cooperar con Lorca. La primera a través de Caritas diocesana con el título: Solidaridad con Lorca, para los damnificados. La segunda para la recuperación de los edificios religiosos, titulada Diócesis de León solidaria con Lorca. Y además de estos cauces de ayuda económica, la que supone también el afecto compartiendo con ellos el dolor y la oración cristiana.
+ Julián, Obispo de León
Los números de cuenta son:
- CARITAS DIOCESANA.- Caja España: 2096-0001-21-2003191304 (indicando LORCA)
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DIÓCESIS DE LEÓN con Lorca.-Caja España: 2096-0001-22-3451795104
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