El domingo VI de Pascua culminan las actividades organizadas por el Secretariado diocesano de Pastoral de la Salud para acercar a los cristianos al mundo de la enfermedad y hacer patente la cercanía material y espiritual de la Iglesia a las personas que sufren las limitaciones que impone el hecho tan arraigado en la naturaleza como es el estar enfermo. Estas actividades dieron comienzo el día 11 de febrero, fiesta de Nuestra Señora de Lourdes y Jornada mundial del Enfermo.
La atención y el cuidado de las personas enfermas y discapacitadas pertenece a la entraña misma del Evangelio, ya que es una señal de la llegada de la salvación y el propio Jesús, además de ponerla en práctica continuamente, dejó un mandato explícito a sus discípulos para la misión futura: “Curad a los enfermos que haya, y decid: ‘Está cerca de vosotros el Reino de Dios’” (Lc 10, 9). Por eso la Iglesia ha mostrado siempre una particular solicitud por los enfermos siguiendo el ejemplo de su Maestro, a quien San Ignacio de Antioquía llamaba “médico de los cuerpos y de las almas”. Más aún, en el discurso sobre el juicio universal el Señor advierte expresamente: “Estuve enfermo y me visitasteis” (Mt 25, 36).
En cumplimiento del mandato de Jesús ha estado siempre presente en la acción pastoral de la Iglesia la visita y la atención a los enfermos como parte del ministerio sacerdotal, de la evangelización entre los no cristianos y del apostolado ordinario de las parroquias. Existen además las capellanías en hospitales y clínicas, los institutos religiosos y las asociaciones de fieles y numerosos voluntariados. A todos quiero dar las gracias porque hacen presente a la Iglesia junto a la persona enferma.
Pero, además, se cumplen ahora 25 años de la creación en España del “Día del Enfermo”. Nos alegramos porque en este tiempo se ha intensificado la preocupación pastoral ante el sufrimiento ligado a la enfermedad, se ha procurado hacer más patente la presencia de la Iglesia en todo el complejo mundo de la salud y, sobre todo, se ha inculcado la idea de que en el rostro de cualquier enfermo se percibe la imagen de Cristo que sufre y muere asumiendo todas nuestras dolencias para comunicar a los hombres la victoria de su resurrección. Este es el significado último de la Pascua en la vida del cristiano enfermo. El lema de la Jornada de este año es significativo: “Dando vida, sembrando esperanza”. Esta es la misión peculiar de la pastoral de la salud. Que se haga realidad y que no decaiga el compromiso.
+ Julián, Obispo de León |