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SOLEMNIDAD DE SAN FROILÁN, PATRONO DE LA DIÓCESIS

(Explanada de la Basílica de La Virgen del Camino, 5-X-2011) “Esforzaos en mantener la unidad del Espíritu”


Ez 34,11-16; Sal 22;
Ef 4,1-7.11-13;
Mt 28,16-20.

Con el otoño recién estrenado, un otoño hasta ahora con temperaturas más propias del verano, han llegado las fiestas de San Froilán, Patrono de la diócesis legionense, con la romería tradicional y llena de tipismo leonés al santuario-basílica de la Virgen del Camino. Este año la romería se convierte en peregrinación jubilar con motivo del 50º aniversario de la inauguración y bendición de la iglesia que sustituyó a la levantada entre los años 1645 y 1731.

  • Evocación de la Jornada Mundial de la Juventud-2011 

Como sabéis, la Penitenciaría Apostólica nos ha concedido un año santo para celebrar este acontecimiento con la gracia de la indulgencia plenaria para todos los fieles que, individualmente o en grupo, se dediquen un tiempo a la oración en este bendito lugar recibiendo también los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. Esta es la primera gran peregrinación que llega en este año santo, como no podía ser menos, de la capital y de los pueblos de la Sobarriba, con la participación también de gentes venidas de Asturias y de otros lugares. No dejéis de entrar a saludar a la Virgen y de rezarle además de besar su manto, después de participar reverentemente en la Santa Misa.

Al comenzar esta celebración, no he podido por menos de evocar otro gran encuentro que tuvo lugar en esta misma explanada el día 16 de agosto pasado, con más de mil quinientos jóvenes llegados de 30 países, presididos por siete obispos y 50 sacerdotes, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud y que llenaron nuestras calles y plazas de alegría juvenil y de testimonio evangélico en los días en la diócesis, preludio del encuentro en Madrid con el Papa Benedicto XVI.

Aquel encuentro fue una fiesta de la fe y una invitación a la esperanza. Fe y esperanza que suscita siempre la mirada llena de ternura de la Virgen María con su Hijo en brazos, bajado de la cruz. Lo dice el himno que le canta nuestro pueblo: “su vida cuando dice que te quiere y su esperanza cuando gime y llora”. Fe y esperanza que necesitamos en estos tiempos de recesión económica y de debilitamiento también de los valores espirituales y morales. Por eso, sin dejar los acentos alegres y festivos de la romería, a la hora de la invocación a la Reina y Madre del pueblo leonés no podemos olvidarnos de tantos conciudadanos nuestros que están al límite de sus posibilidades, especialmente los que no tienen trabajo o se les acaba el subsidio del paro, o se ven obligados a recurrir a la ayuda de la familia o de las instituciones de caridad para poder subsistir. Tampoco podemos desentendernos de las situaciones de quiebra de las empresas, o del oscuro panorama de la minería y de otros sectores industriales.

  • Fe y esperanza para hacer frente a la crisis

Es cierto que la crisis tiene dimensiones continentales y que hay naciones y pueblos que están en condiciones peores que nosotros, sobre todo las que padecen los horrores del hambre y de la guerra. Con todo, el gran milagro que podemos pedir a la Virgen es el cambio de nuestros corazones y de nuestra mentalidad demasiado egoísta y materialista.Quizás nos hemos acostumbrado a vivir por encima de nuestras posibilidades, dejando los trabajos más ingratos para los inmigrantes y tolerando un reparto desproporcionado y a veces escandaloso de los bienes de consumo. Se nos pide a todos una mayor austeridad de vida y un mayor sentido de la justicia social, especialmente a quienes detentan la responsabilidad pública o aspiran a ella.

No perdamos la esperanza si de veras creemos que nuestra vida tiene sentido y nos detenemos, como estamos haciendo hoy, ante la imagen de la Virgen del Camino invocando la intercesión de San Froilán, nuestro Patrono. La fe en Dios y la confianza en la Virgen suscitan en nosotros la fuerza espiritual que necesitamos para seguir caminando, una conciencia más afinada de la solidaridad con nuestros conciudadanos y una mayor sensibilidad ante las situaciones de pobreza, sufrimiento o limitación de los derechos de las personas. No lo dudemos. La verdadera transformación de una sociedad se inicia en nuestro interior, es decir, en el cambio del corazón o conversión a Dios y a los demás, y en el tratar de superar nuestro afán de tener por encima del ser.

Estas actitudes son traducción de los que nos pedía la palabra de Dios proclamada en la segunda lectura: Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados” (Ef 4, 2-4). Llevar en el corazón la esperanza que transciende lo material y temporal, pero que no lo deja fuera tampoco porque es para este mundo y no sólo para el otro, nos hará a todos más solidarios y más eficaces a la hora de contribuir a un mejor y más justo reparto de los bienes materiales y de la cultura, la justicia y la paz social.

+ Julián, Obispo de León


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