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SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

INAUGURACIÓN DEL "AÑO SACERDOTAL"

(Real Colegiata de S. Isidoro, 19-VI-2009)


"Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación"

 

Os 11,1b.3-4.8c-9; Is 12

Ef 3,8-12.14-15

Jn 19,31-37

Coincidiendo con la apertura del Año sacerdotal que el Papa Benedicto XVI inaugura esta misma tarde en Roma, estamos celebrando los solemnes cultos organizados por el Apostolado de la Oración con motivo de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Al final de la Santa Misa, seguirá una procesión con el Santísimo Sacramento por el claustro y, en el curso de ella, haremos la consagración de España al Corazón de Cristo renovando así el acto que tuvo lugar en el Cerro de los Ángeles hace 90 años y que será actualizado también el próximo domingo en aquel mismo lugar a partir de las 10 horas.

1. La solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

Tres son, por tanto, los motivos que nos han convocado hoy en este privilegiado lugar del culto a la Santísima Eucaristía que es San Isidoro: la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, el comienzo del Año sacerdotal y la mencionada consagración. La fiesta del Corazón de Cristo nos ofrece un marco espléndido y oportuno para nuestra acción de gracias al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo por todos los bienes que recibimos constantemente de la bondad divina, en particular el ministerio sacerdotal en la Iglesia y la perseverancia en la fe de muchos españoles, pese a las dificultades de los tiempos que nos toca vivir.

Esta fiesta nos invita a todos a acercarnos a Jesucristo, fuente del agua viva, para saciar la sed de santidad, de amor, de comunión y de esperanza. "Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación" hemos cantado después de la primera lectura. Eran las palabras del profeta Isaías que la liturgia, inspirándose en el Evangelio según San Juan interpreta como anuncio de lo que hemos escuchado en el Evangelio: en la muerte del Señor se abrió para siempre el manantial del Espíritu Santo. "Al punto salió sangre y agua", símbolos del Espíritu que comunica la vida divina que llega a nosotros a través de los sacramentos, sobre todo del Bautismo y de la Eucaristía. Por eso el prefacio de la Misa afirma: "del Corazón abierto de nuestro Salvador todos pueden beber con gozo de la fuente de la salvación".

El mismo Jesús lo había anunciado: "el que tenga sed, que venga a mí; y el que cree en mí, que beba" (Jn 7,37; cf. v. 38). Es una invitación semejante a aquella: "venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados" (Mt 11,28). Ojalá todos los que pasan por la vida buscando en medio de su desorientación o abatimiento, expuestos a beber en fuentes contaminadas o en cisternas agrietadas, supiesen dónde se encuentra el caudal que puede saciar la sed de soledad, de incomunicación, de felicidad plena, la sed de los valores propios del Reinado de Cristo, un reinado de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz (Misal Romano, Pref. de la solemnidad de Jesucristo Rey). Bienes que la mayoría de la gente apenas hecha en falta hoy, distraída y ocupada en tantas nimiedades y en tantas fantasías absurdas, ignorante de que existe ese manantial de la alegría en plenitud que es Jesucristo, "el mismo ayer, hoy y por los siglos" (Hb 8,13).

2. El año sacerdotal

 Al servicio de este caudal inagotable de la gracia de Dios que brota de la humanidad de nuestro Redentor está el ministerio sacerdotal. De ahí la íntima relación que existe entre Eucaristía y Sacerdocio ministerial, nacidos en el mismo acto de la institución del Misterio eucarístico que fue la última Cena de Jesús la víspera de padecer. En efecto, el segundo motivo que nos reúne esta tarde es precisamente el Año sacerdotal que el Papa ha querido inaugurar como una importante ocasión para mirar, con sentimientos de profunda gratitud y asombro, la obra del Señor que,"en la noche en que fue entregado" (1 Cor 11,23), quiso instituir elSacerdocio ministerial, uniéndolo inseparablemente a la Eucaristía, cumbre y fuente de vida paratoda la Iglesia (cf. LG 11; SC 10).

En marzo de este mismo año, cuando Benedicto XVI anunció el Año sacerdotal, señaló que tendría como objetivo "favorecer la tensión de los sacerdotes hacia la perfección espiritual de la cual depende, sobre todo, la eficacia de su ministerio" (Discurso de 16-III-09). El lema elegido por el Santo Padre para este Año, "Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote", quiere indicar ya la primacía absoluta de lagracia de Dios en la vida y el ministerio de los presbíteros y, a la vez,laindispensable y cordial adhesión de quien es consciente de que "Él nos amó primero" (1 Jn.4,19) y, por ello, se esfuerza en responder a ese amor con su propio amor que es fidelidad. A la fidelidad de Cristo responde la fidelidad del sacerdote.

En este sentido el Año sacerdotal nos pide a los sacerdotes dar la primacía a la vida interior cuidando mucho más nuestra espiritualidad, o lo que es lo mismo, la específica vocación a la perfección o santidad que tiene como fundamento nuestra configuración a Cristo por el sacramento del Orden y como cauce el ejercicio del ministerio. Como modelo para este año se nos propone a San Juan María Vianney, un humilde párroco de una aldea olvidada hasta entonces, de quien se cumplen 150 años de su muerte. Precisamente para la apertura del Año sacerdotalha sido llevada a Roma desde Ars la reliquia del corazón del Santo Cura de Ars, corazón que ha palpitado al unísono con el divino Corazón del Cristo, el Buen Pastor.

Pero el Año sacerdotal se ofrece también a todos los fieles, especialmente a las personas consagradas y a los laicos más comprometidos en la vida de la Iglesia, como una llamada a saber apreciar el estilo de vida y la dedicación de sus sacerdotes, amándolos y reconociendo con gratitud su dedicación pastoral y su testimonio. Como ha dicho el Prefecto de la Congregación del Clero, "los sacerdotes son importantes no sólo por cuanto hacen sino, sobre todo, por aquello que son". Pese a los inevitables fallos humanos, la inmensa mayoría de los sacerdotes son hombres generosos y entregados, que gastan su existencia al servicio de los demás movidos por un amor auténtico a Jesucristo, a la Iglesia y a las comunidades que se les han encomendado. El pueblo cristiano, cuando conoce a sus sacerdotes, se siente orgulloso de ellos.

Por eso, el Año Sacerdotal estará marcado por la oración de los sacerdotes, con los sacerdotes y por los sacerdotes. Desde ahora os invito a todos, sacerdotes, personas consagradas y fieles, y de manera especial a los que os sentís vinculados al Instituto Sacerdotal Isidoriano, que es una obra de nuestra diócesis, y a las asociaciones eucarísticas radicadas en esta Colegiata, que este año se ore muy especialmente por la santificación de nuestro presbiterio y de todos los sacerdotes en general, del mismo modo que he pedido que aquí nunca falte la oración por las vocaciones sacerdotales.

3. La consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús

El tercer aspecto que nos ha reunido esta tarde guarda relación con la inauguración el 30 de mayo de 1919 del monumento al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles, centro geográfico de la Península Ibérica, en las circunstancias azarosas de una Europa arruinada material y espiritualmente a causa de la primera guerra mundial y amenazada por movimientos revolucionarios de los que España no estaba inmune. Pero aquellos eran años también en los que florecía en la Iglesia una espiritualidad marcada por la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y por lo que entonces se llamaba el Reinado Social de Cristo. En aquel difícil contexto, el entonces Rey de España tuvo el valor de realizar personalmente la consagración de España. "Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de la ciencia y de las letras y en nuestras leyes e instituciones", fueron algunas de las palabras de la plegaria que pronunció.

Noventa años después, nuestra España no es un Estado confesional pero no por ello puede renunciar a sus raíces, ni a su historia, inexplicable si se prescinde de la fe cristiana, de la que tenemos aquí mismo testimonios muy valiosos, como el sepulcro de San Isidoro y el panteón de los Reyes leoneses. Por eso, el próximo domingo, nuevamente en el Cerro de los Ángeles, y en incontables lugares en el día de hoy se pide al Señor por nuestro pueblo, por las familias, por los niños y jóvenes, por los que sufren las consecuencias de la crisis económica, por los inmigrantes, por las víctimas del terrorismo que no ceja, por la vida humana muy amenazada hoy en su gestación y que empieza también a estarlo en la fase terminal. Nos ha tocado vivir en un tiempo difícil también, con problemas en gran medida nuevos, pero los creyentes debemos estar abiertos a la esperanza. Nuestra fortaleza ha de venir de una fe viva, apoyada en la Palabra de Dios y en la oración constante, y alimentada en la Eucaristía y en los demás sacramentos.

Por eso confiamos y pediremos al Señor de la Gloria que, de los tesoros inmensos de su corazón herido de amor, broten la confianza y la generosidad que necesitamos para ser los servidores fieles de su obra redentora.

+ Julián, Obispo de León

 

ORACIÓN DE CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN DE JESÚS*

Señor y Dios nuestro Jesucristo, que estás aquí presente en elSantísimo Sacramento, ofreciéndonos los tesoros infinitos de tu Amor:

Como pueblo elegido, real y sacerdotal, queremos renovar hoy laspromesas de nuestro Bautismo, consagrándonos a tu Divino Corazón. Queremos permanecer siempre fieles a tu santa Ley, condensada en el amor a Dios y a nuestros hermanos. Queremos también permanecer fieles a laSanta Iglesia, representada por nuestros pastores a los que Tú pusiste alfrente de tu pueblo.

Por medio del Corazón Inmaculado de María, nos consagramos hoya tu Divino Corazón y nos ofrecemos contigo al Padre en el santo Sacrificiodel Altar, con nuestras oraciones y trabajos, sufrimientos y alegrías de cadadía, en reparación de nuestros pecados y los del mundo entero, y para quevenga a nosotros tu Reino de justicia, amor y paz.

En esta solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, unidos al PapaBenedicto XVI, a todos los Obispos y sacerdotes, te pedimos que ilumines nuestras mentes e inflamesnuestros corazones con tu santo Amor.

BENDICE a nuestra Iglesia diocesana León, y a nuestras familias y comunidades. Que todos, sacerdotes, religiosos y laicos seamos testigos detu Evangelio en la vida pública y privada.

BENDICE a nuestros niños y jóvenes, a los padres de familia, anuestros mayores, a los enfermos, a cuantos se han alejado de Ti, a los quenecesitan consuelo, el pan, el trabajo, la salud o la paz de espíritu.

BENDICE también a nuestros gobernantes para que reconozcan elvalor de la vida humana desde su concepción hasta su término natural yguíen a nuestra sociedad en los valores humanos y cristianos, en la justicia y el servicio al bien común.

Aleja de nuestro pueblo la amenaza del terrorismo y concede a todas las naciones de la tierra la concordia y la paz.

Que el Pan de tu Palabra y de la Eucaristía, que eres Tú mismo, siga siendo el alimento espiritual que nos conforte y la prenda segura de nuestra salvación eterna. Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío

 

* Pronunciada ante el Santísimo Sacramento, durante la estación en el patio de la Colegiata.

 

+ Julián, Obispo de León


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