Queridos diocesanos:
Cada año, en la memoria litúrgica de Ntra. Señora de Lourdes, se celebra en toda la Iglesia la Jornada Mundial del Enfermo. Como otras jornadas de alcance general y de profundo significado humano y evangélico, esta se debe también a la iniciativa del venerable Siervo de Dios Juan Pablo II, que será beatificado próximamente. ¡Cómo no recordar su rostro desfigurado y el cuerpo maltrecho a causa de la enfermedad de Parkinson! Y, sin embargo, demostró poseer una fortaleza interior fuera de lo común, fruto de su profunda unión con Dios y de su deseo de consumir su vida en favor de toda la humanidad. ¡Cómo no evocar también su última visita a Lourdes, orando delante de la Gruta de Massabielle, como un enfermo más!
Pero de la imagen inolvidable de Juan Pablo II debemos pasar a la de nuestro Redentor, el varón de dolores como le llamó el profeta Isaías, de manera que sus heridas nos curaron a todos. Benedicto XVI ha querido evocar esta referencia a la pasión del Señor en su Mensaje para la próxima Jornada Mundial del Enfermo. Con palabras de la I Carta del Apóstol San Pedro, inspiradas en el último Canto del Siervo de Yahvéh (cf. Is 53, 5ss.), nos invita a reflexionar sobre “el misterio del sufrimiento para sensibilizar más a nuestras comunidades y a la sociedad civil con respecto a los hermanos enfermos”. De este modo, las iniciativas que se llevan a cabo a nivel diocesano, parroquial, hospitalario, etc. por los responsables y colaboradores de la pastoral de la salud, se apoyarán en las convicciones profundas que proceden de la fe y de la caridad, virtudes que han de alentar toda tarea pastoral más allá de lo que ya exige la profesionalidad o el sentido solidario humano.
Relaciona el Papa el lema de la Jornada Mundial del Enfermo con la contemplación de la Sábana Santa de Turín, precioso testimonio que permite caer en la cuenta, de manera gráfica, de los sufrimientos de Jesús tal y como los describen los evangelios. En esa perspectiva el Papa señala tres premisas para potenciar la pastoral de la salud. La primera se refiere a la centralidad de la persona humana, a la que hay que atender y curar, sobre todo si se halla en una situación de sufrimiento o de marginación. En segundo lugar, es necesaria una auténtica humanización en el ámbito sanitario. La tercera premisa concierne al compromiso de las Iglesias diocesanas. El Papa nos invita, con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo, a esforzarnos cada día más para que la atención y el cuidado de las personas enfermas mejore y sea más eficaz.
El mensaje del Papa pide también que se vaya más allá de lo que podría quedarse tan sólo en una hermosa acción humanitaria. En este sentido, invita también a hacer una seria reflexión sobre algunas cuestiones fundamentales, a partir del "misterio del sufrimiento". Esto es necesario para reconocer en Jesucristo la fuente de la luz y de la esperanza, encontrar la fuerza para vivir las condiciones de sufrimiento y, al mismo tiempo, asumir los motivos y el modo con el que todos estamos llamados a cuidar de las personas enfermas. El Papa recuerda también la importancia de la Eucaristía en la que Jesucristo "se nos entrega por amor para hacernos partícipes de su propia vida. Al mismo tiempo, para reconocer y servir su presencia en el rostro y en la condición del prójimo pobre, débil y afligido”. Con mi cordial saludo y bendición:
+ Julián, Obispo de León
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