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SU MAÑANA ES HOY
Ante la Jornada de Manos Unidas

Queridos diocesanos:

Todavía está en nuestra retina la imagen de la Presidenta de Manos Unidas recibiendo el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia en octubre de 2011. En aquella ocasión,  S.A.R. D. Felipe pedía que no le falten al mundo nuestras manos, manos unidas, para seguir luchando contra el hambre y la pobreza. Es cierto que en nuestra diócesis hay también familias (un 10,1 %) en situación de pobreza en relación con el nivel de nuestra provincia, como ha puesto de relieve el reciente estudio de Caritas, porcentaje que va a crecer a causa de la crisis económica. Pero en la geografía del subdesarrollo los porcentajes son inmensamente más elevados, aun cuando el nivel de la pobreza está muy por debajo del que se padece aquí.

La campaña de Manos Unidas se centra este año en el IV Objetivo del Milenio, reducir la montandad infantil para evitar que los niños más pequeños enfermen y mueran. Hace diez años se puso en marcha un plan mundial para erradicar las causas de esta mortandad, pero se ha conseguido muy poco. Enfermedades infantiles olvidadas prácticamente aquí, como el sarampión, tienen que ser combatidas todavía en zonas del planeta donde causan miles de muertes. Manos Unidas estima que, cada minuto, nueve niños mueren por la desnutrición, la carencia de alimentos y la falta de higiene.  Lo más grave es que, mientras los Estados Europeos toman medidas espectaculares como los rescates financieros, que suman cantidades desorbitadas, para mantener un nivel de vida en muchos aspectos derrochador, las aportaciones destinadas a los proyectos de desarrollo son ridículas.

La solución no puede dejarse para mañana, nos dice Manos Unidas. La situación económica es a todas luces escandalosa a causa de estas desigualdades que persisten a pesar de los compromisos asumidos en el pasado. La posibilidad de un futuro mejor para todos, recordaba el Papa Benedicto XVI en su encíclica Caritas in Veritate (29-VI-2009), se ha de fundar en el redescubrimiento de los valores éticos fundamentales. Es decir, hace falta un nuevo proyecto económico que plantee el desarrollo sobre la base del fundamento moral de la responsabilidad ante Dios y ante el ser humano como criatura de Dios. Y en esto podemos colaborar todos, fomentando una manera de pensar y de actuar basada no en el lucro y en la ganancia injusta sino en criterios de justicia y verdad, es decir, en la caridad iluminada por la verdad de la razón y de la fe. “El amor cristiano, la caridad, es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz”, afirma el Papa. Pero esto sólo es posible gracias al compromiso de todos, productores y consumidores, economistas y políticos, y presupone una formación de las conciencias que dé fuerza a los criterios morales en la elaboración de los proyectos políticos y económicos.

Es mucho lo que podemos hacer, y no sólo con un donativo. Es preciso cambiar la manera de pensar y de vivir, imitando la generosidad de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Con mi cordial saludo y bendición:

+ Julián, Obispo de León


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