Queridos diocesanos:
Con el mes de enero llega también la semana de oración por la unidad de los creyentes en Jesucristo. Cada año, en la solemne liturgia del Viernes Santo, el diácono o un presbítero invita a orar “por todos aquellos hermanos que creen en Cristo, para que Dios nuestro Señor asista y congregue en una sola Iglesia a cuantos viven de acuerdo con la verdad”. La plegaria del sacerdote concreta después la plegaria, primeramente en el reconocimiento de la obra de Dios que va reuniendo a sus hijos dispersos y vela por la unidad ya lograda, y después en esta súplica: “mira con amor a la grey de tu Hijo, para que la integridad de la fe y el vínculo de la caridad congregue a los que consagró un solo bautismo”.
Vale la pena meditar en esta hermosa plegaria en la que sobresale, ante todo, el reconocimiento de que la unidad de la grey de Cristo es resultado no de nuestra tarea humana sino de la acción de Dios. Pero hay unas palabras-clave: creer en Cristo, vivir de acuerdo con la verdad, integridad de la fe, vínculo de la caridad, un solo bautismo. Aparentemente estas realidades son obra de los hombres, y no es así. Estas realidades son fruto de la gracia divina cuando, eso sí, encuentra nuestra disponibilidad a dejarnos trabajar por la Palabra de Dios y la fuerza santificadora del Espíritu Santo que recibimos inicialmente en el “mismo bautismo”. De ahí la necesidad de la oración insistente y común, perseverando en lo que recuerda el célebre “resumen” de la vida de las primeras comunidades cristianas que enmarca y perfila el octavario de este año. “Perseverar” en la enseñanza apostólica, es decir, en la escucha de las Escrituras Santas y el Evangelio, en la comunicación del amor fraterno y aun de otros bienes incluidos los materiales, en la Eucaristía y en la oración personal y comunitaria. Todo esto en el seno de la Iglesia Católica, pero abiertos también a todos aquellos hermanos que creen en Cristo.
Para nuestra diócesis el lema del Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos de este año, nos recuerda especialmente el del programa pastoral del curso: “Escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo Pastor” (Jn 10, 16). De ahí la llamada a intensificar la escucha creyente de la Palabra de Dios en un marco de oración para hacer realidad la espiritualidad de la comunión en todos los ámbitos de la vida y de la pastoral. Nos invita también a ello la reciente publicación de la Exhortación Apostólica postsinodal Verbum Domini de S.S. Benedicto XVI. Os recomiendo la lectura del n. 46 en el que el Santo Padre, citando al Concilio Vaticano II, afirma: “las Sagradas Escrituras son un instrumento precioso en la mano poderosa de Dios para lograr la unidad que el Salvador muestra a todos los hombres”.
Todos debemos estar convencidos de que leer, escuchar y meditar personal y comunitariamente la Palabra de Dios en las Escrituras nos ayuda a crecer en la verdad y a vivir en una comunión real que supera limitaciones y prejuicios. También de cara a nuestros hermanos de otras confesiones cristianas para alcanzar juntos la unidad de la fe, como respuesta a la escucha de la Palabra. Con mi cordial saludo y bendición
+ Julián, Obispo de León |