Queridos diocesanos:
El viernes 12 de febrero, Día del Ayuno Voluntario, y el domingo 14 del mismo mes, Jornada de Manos Unidas, pondrán nuevamente ante nuestra mirada la situación de pobreza extrema hasta el hambre, que padecen muchos millones de personas y sobre todo de niños en los países del Tercer Mundo. Quizás alguno piense que, ante la crisis económica que padecemos con su angustioso problema del paro y de la falta de recursos que afectan tantas familias entre nosotros, no tiene sentido que nos pongamos ahora a recordar necesidades tan lejanas. Incluso, quien así lo crea, argumentará que la solución del hambre es una meta prácticamente imposible que puede desviar inútilmente unos recursos que vendrían muy bien a nuestras organizaciones de caridad para solucionar o paliar los nuestros problemas, sin duda más inmediatos.
Quisiera responder a estas posibles objeciones. Lo primero que desearía recordar es que tanto la crisis económica que padecemos nosotros como el grave problema del hambre en el mundo denotan un mismo mal de fondo, la crisis espiritual y moral de nuestra sociedad. Por eso tenemos que empezar por examinar nuestras conciencias y procurar una conducta coherente con el Evangelio. La próxima Cuaresma nos puede ayudar en este sentido. Una de las obras penitenciales más eficaces es precisamente la limosna, como expresión de un corazón arrepentido y dispuesto al cambio de conducta.
En segundo lugar, Manos Unidas, organización católica que ha cumplido 50 años de lucha eficaz contra el hambre, contribuye también a formar esa conciencia moral que facilitará la solución del desequilibrio económico que la actual crisis está produciendo, es decir, nos ayudará a ser más solidarios también aquí. Pero además, proyectará nuestros recursos hacia pueblos que están aún más necesitados que nosotros y a los que no podemos abandonar de ningún modo. No sólo por exigencias de la dignidad de toda persona, en la que debemos descubrir la imagen de Dios, por deteriorada que nos parezca, y de los derechos humanos, sino también por la necesidad de reparar de algún modo la grave injusticia estructural y social que se esconde en el problema del hambre.
Por último, desde la misma necesidad de compensar el desequilibrio de recursos en nuestro mundo, la campaña de Manos Unidas de este año nos pone delante el hecho del cambio climático en cuanto producido por la actividad humana, es decir, causado por las conductas personales, socioculturales y políticas que están acelerando el proceso de deterioro del medioambiente con consecuencias muy negativas para la agricultura y la ganadería y, en definitiva, para la salud. La llamada de Manos Unidas está en la línea del mensaje del Papa Benedicto XVI para la Jornada de la Paz del pasado uno de enero, al recordar el carácter ético de la crisis ecológica apelando a la necesidad moral de una nueva solidaridad a la vez que aludía a diferentes fenómenos como la desertización, el deterioro de la agricultura, la contaminación de los ríos, la pérdida de la biodiversidad, la deforestación de las áreas ecuatoriales, etc. "Si tú quieres, es posible" detener todo esto.
Confío en que, un año más, toméis en consideración la Jornada de Manos Unidas. Dios os lo premiará. Con mi cordial saludo y bendición:
+ Julián, Obispo de León
|