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¡OH CRUZ FIEL, ÁRBOL ÚNICO EN NOBLEZA!
Ante la llegada de la Cruz de las JMJ a nuestra Diócesis

Queridos diocesanos:

Dentro de unas semanas estará en nuestra diócesis la Cruz que preside las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ) desde que el Siervo de Dios Juan Pablo II, el domingo de Pascua de 1984 (22 de abril), al término del Año Jubilar de la Redención, se la entregó a los jóvenes con estas palabras: “Os confío el signo de este Año Jubilar: ¡la Cruz de Cristo! Llevadla por el mundo como signo del amor del Señor Jesús a la humanidad y anunciad a todos que sólo en Cristo muerto y resucitado hay salvación y redención". A la Cruz acompaña desde el 13 de abril de 2003 el Icono de la Virgen María. El mismo Papa quiso que fuera signo de la presencia materna de María junto a los jóvenes, llamados, como el apóstol san Juan, a acogerla en su vida”. Estas breves frases condensan el significado de ambos signos que peregrinan desde entonces por todo el mundo convocando a millares de jóvenes en torno a Jesucristo y a María.

Una intuición profética del Papa Juan Pablo II

Creo que hay que remontarse a las intuiciones del gran amigo de los jóvenes Juan Pablo II, para captar lo que representa el paso de la Cruz y del Icono por el mundo evocando lo que sucede en la liturgia del Viernes Santo, cuando la Iglesia invita a contemplar y reconocer el árbol de la cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo, mientras se muestra a los fieles. Aquel Año Jubilar iniciado el 25 de marzo de 1983, coincidente con el 1950 aniversario de muerte redentora del Señor en la Cruz, hizo que el acontecimiento de la Redención, vértice de la revelación divina y actuación suprema de la misericordia de Dios para con los hombres de todos los tiempos, penetrara a fondo en la conciencia de la Iglesia. Fue un año centrado en el misterio pascual de Jesucristo “que fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación” (Rm 4, 25), para que todos los cristianos descubriéramos en nuestra vida la fuerza transformadora del amor de Dios manifestado en Jesucristo y comunicado en los sacramentos de la Iglesia, especialmente en la Eucaristía, en el Bautismo y en la Penitencia. Esto llevaba consigo la exigencia de un esfuerzo continuo de alejamiento del pecado y de la mentalidad que impide o frena el camino de la conversión.

Al entregar a los jóvenes la Cruz que representó todos estos objetivos espirituales y pastorales del Año Jubilar de la Redención y que estuvo colocada junto al altar de la Basílica de San Pedro durante la celebración jubilar, Juan Pablo II con sentido profético pretendía prolongar el mensaje y la gracia de aquella celebración. Desde entonces, son muchos los testimonios de personas a las que les ha tocado profundamente el encuentro con la Cruz en todos los lugares por donde ha pasado: Praga, Buenos Aires, Santiago de Compostela, Denver, Toronto, Nueva York (en la Zona Cero), Colonia, Sidney, Aquila (después del terremoto). Estos testimonios se pueden encontrar en el Centro Internacional Juvenil San Lorenzo, morada habitual de la Cruz cuando está en Roma, pero también en las publicaciones dedicadas a las JMJ.

En la Cruz tocamos el misterio del amor de Dios

Algunos se preguntan, cómo dos tablas de madera pueden suscitar tanto interés y aun entusiasmo, especialmente entre los jóvenes. Quizás no caemos en la cuenta de lo que supone realmente haber sido marcados, desde nuestra más tierna infancia, con la señal de la Santa Cruz que nuestras madres hacían sobre nuestra frente como sucedió el día de nuestro bautismo. Es posible que nos hayamos acostumbrado también a la presencia de la Cruz en lugares como las torres de las iglesias, las cumbres de algunos montes y en espacios especialmente significativos, privados y públicos. Pero, ¿se pueden concebir las incontables manifestaciones de nuestra cultura popular sin la Cruz? ¿Qué sería de la Semana Santa si se eliminasen las cruces?     

Nos va a venir muy bien la ostensión multitudinaria de la Cruz de las JMJ tanto en el interior de nuestras iglesias como en las plazas públicas, para que procuremos tener más presente este gran símbolo del amor que redime y salva a quien lo mira o toca con esperanza. ¿No lo anunció expresamente Jesús hablando con Nicodemo?: “Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna, porque tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna” (Jn 3, 14-16).

En la Cruz se percibe la presencia del amor de Dios. A través de esta Cruz, muchos jóvenes y nos tan jóvenes llegan a comprender mejor la Resurrección, de manera que algunos encuentran el valor de tomar decisiones fundamentales respecto a su vida.  Lo ha indicado también el Papa Benedicto XVI cuando entregó la Cruz de las JNJ a los jóvenes de Madrid el día 5 de abril de 2009: “La Cruz está en camino de una a otra parte del mundo, de mar a mar. Y nosotros la acompañamos. Avancemos con ella por su camino y así encontraremos nuestro camino. Cuando tocamos la Cruz, más aún, cuando la llevamos, tocamos el misterio de Dios, el misterio de Jesucristo… Toquemos el misterio maravilloso del amor de Dios, la única verdad realmente redentora”.      

Una gran oportunidad pastoral

Nuestra diócesis recibe la Cruz de las JMJ como quien “recibe el testigo” en una carrera de relevos. Se la entregará la diócesis de Palencia y la deberá pasar a la de Zamora. De este modo entramos en la cadena de lugares del mundo que la han acogido, particularmente entre Sidney (JMJ de 2008) y Madrid (JMJ de 2011). Sin embargo, la Cruz no está de paso sino que va a inaugurar también entre nosotros el camino de preparación hacia el próximo encuentro mundial de los jóvenes, que tendrá lugar en agosto del año próximo  en la capital española y para el que el Papa Benedicto XVI ha indicado ya el tema: “Enraizados y edificados en Cristo, apoyados en la fe (Col 2,7)”.

El Programa pastoral del curso 2010-2011 lo ha tenido en cuenta al proponer como objetivo transversal el “relanzar la Pastoral Juvenil (PJ), aprovechando las distintas acciones previstas con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud 2011”, con cuatro grandes líneas de acción: 1. Crear las condiciones necesarias para que se produzca el acercamiento de los jóvenes a Jesucristo y la experiencia religiosa en los distintos momentos de su vida cristiana; 2. Promover el contacto, el conocimiento y el aprecio del mundo juvenil; 3. Acentuar la dimensión educativa de la PJ; y 4. Favorecer el conocimiento y la coordinación del trabajo pastoral con jóvenes.

Estas líneas responden al IV ámbito prioritario según el Plan pastoral 2009-2014, a saber, La transmisión de la fe a los jóvenes (pp. 67-72). Entresaco esta frase del citado Plan: “En los tiempos que corren, se hace imprescindible promover la experiencia religiosa, el encuentro con Jesucristo. Las experiencias de otro tipo -estéticas, sociales, culturales, recreativas- están al alcance de cualquiera de nuestros jóvenes. Más difícil tendrán el acceso a experiencias auténticas de fe” (p. 69). Y esta otra: “No echemos en saco roto la celebración en Madrid, en el 2011, de la Jornada Mundial de la Juventud. Sin duda estos encuentros suelen tener un gran poder de convocatoria entre los jóvenes. De ahí que se deba aprovechar el próximo para ofrecerles la posibilidad de participar, comenzando ya el oportuno camino de preparación que les lleve a renovar su fe, su esperanza y su amor a Jesucristo y a la comunidad eclesial” (p. 70).

No tengo nada que añadir a estos propósitos, sino invitar a toda la comunidad diocesana, pero especialmente a nuestros jóvenes, a vivir este acontecimiento de la peregrinación de la Cruz de las JMJ por la diócesis como una oportunidad de gracia y de encuentro con Jesucristo Redentor y con María, Madre de la Iglesia. Deseo que en todos los actos se cuiden al máximo la proclamación de la Palabra de Dios, los momentos de silencio para facilitar la reflexión personal, la oración comunitaria y los cantos, las facilidades para celebrar el sacramento de la Penitencia, las celebraciones de la Eucaristía y la adoración eucarística.

Pido desde ahora a todos los fieles, especialmente a los sacerdotes y personas consagradas, que encomienden al Señor el fruto espiritual y pastoral de las próximas jornadas dedicadas a la Cruz de Cristo y al Icono de la Santísima Virgen María, así como la JMJ de Madrid-2011 y los días previos en las diócesis (DED).

Con mi cordial saludo y bendición.

+ Julián, Obispo de León


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