Queridos diocesanos:
Quiero enviaros los mejores deseos para las próximas semanas. Os escribo desde el Monasterio de la Santa Cruz del Valle, donde acudo para pasar unos días de retiro espiritual. Esta vez, la paz monástica se ha visto turbada por una noticia que ya conocéis. El Papa me llama para que forme parte como miembro de la Congregación para el Culto Divino. Fue Pablo VI, al reformar la Curia Romana según el espíritu del Vaticano II, el que dispuso que las Congregaciones que ayudan colegialmente al Santo Padre en el gobierno de la Iglesia comprendiesen no sólo Cardenales de Curia sino también Obispos de las diversas partes del mundo. Sinceramente, además de lo que este nombramiento significa para León y para el Episcopado Español, en lo personal me llena de alegría también el ver mi nombre junto a obispos de Indonesia, Rumanía, Francia, Irlanda, La India, etc. Con la expresión de mi gratitud al Papa por esta designación, esto es una experiencia maravillosa de la universalidad de la Iglesia.
Pero yo tengo otros motivos para dar gracias al Señor y al Presbiterio diocesano, Vida consagrada, Laicado, organismos e instituciones de nuestra Diócesis en las personas de todos y cada uno de los que desempeñáis alguna tarea o función pastoral o administrativa. Termina un curso y se han hecho balances por el Consejo Episcopal (estuvimos reunidos todo el día 25 de junio), por los Arciprestes el 31 de mayo y por los Vicarios, Delegados diocesanos y Directores de Secretariados el 14 de junio, etc. Objeto principal del balance, el Programa pastoral propuesto sobre la promoción de la Palabra de Dios, el Año sacerdotal, el acercamiento de los jóvenes a Cristo y a la Iglesia. Al leer las actas de estas reuniones se constatan los avances especialmente en los dos primeros temas, pero se perciben también las dificultades y las carencias. Entre lo más positivo yo destacaría, como tónica general, la intensificación de la espiritualidad bíblica y la sensibilización sobre la importancia de ministerio sacerdotal. Entre los puntos menos brillantes las diferencias a la hora del trabajo en común y la desigualdad en la aplicación del plan pastoral entre arciprestazgos, entre parroquias y a veces entre sectores pastorales.
Pero nuestra Iglesia diocesana sigue caminando. Durante este curso hemos tenido que despedir y encomendar a Dios a los dos obispos eméritos, D. Antonio y D. Juan Ángel y a algunos sacerdotes también. El Señor les habrá dado el premio prometido a sus servidores fieles. Y no ha regalado un presbítero y un diácono, además de varios alumnos para los dos Seminarios. Démosle gracias, por todo.
Y a pensar ya en el nuevo curso y en la IX Semana de Pastoral que ha de inaugurarlo. Mientras tanto, un nuevo Encuentro diocesano de Misioneros, las fiestas de muchos pueblos y santuarios, el aumento de actividad, paradójicamente, en los pueblos semidesiertos durante el resto del año, etc. A todos doy las gracias en nombre de la diócesis por sus desvelos y trabajos. Para todos pido un verano lo más saludable posible, que renueve energías y ayude a reemprender la ruta con renovada ilusión y esperanza, la que nos va a infundir el paso de la Cruz de los Jóvenes y el Icono de la Virgen por nuestra diócesis. Con mi cordial saludo y bendición:
+ Julián, Obispo de León |