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CAMPAÑA DE COMUNICACIÓN DE BIENES
ENTRE LAS PARROQUIAS DE LA DIÓCESIS DE LEÓN



Queridos diocesanos:

Os escribo esta carta para presentaros una campaña que nos disponemos a emprender movidos por la necesidad de dar respuesta a algunos retos pastorales que tiene planteados nuestra Iglesia local como consecuencia de su actual configuración parroquial y de la necesidad de mantener abiertos al culto los templos que están al servicio de las respectivas comunidades parroquiales.

Realidad sociológica de nuestra diócesis

En efecto, nuestra diócesis, dividida en 13 arciprestazgos, comprende 756 parroquias, 19 filiales y 35 anejos. Por tanto, el número de iglesias abiertas al culto destinadas al servicio parroquial vienen a ser 810 sin contar las segundas iglesias y las ermitas que están a cargo de las parroquias. El sostenimiento ordinario y, en muchos casos, las obras extraordinarias de reparación y de adaptación de estos edificios a la normativa existente se financian gracias a la aportación económica de los fieles, y a las ayudas y subvenciones provenientes de convenios entre la diócesis y las instituciones locales, provinciales y autonómicas o de algunas de estas instituciones. Es muy de agradecer el esfuerzo que se ha venido haciendo en este sentido en los últimos años. Por eso quiero, en primer lugar, dejar constancia del reconocimiento y gratitud que merecen tanto los fieles que ayudan a su parroquia con un donativo, como las citadas instituciones que contribuyen a que los ciudadanos puedan ejercer su religión privada y públicamente con el análogo derecho con que practican un deporte o asisten a una manifestación cultural o artística.

Pero la realidad sociológica de la inmensa mayoría de nuestras parroquias está condicionada hoy por el descenso acentuado y el envejecimiento de la población. A esto se añaden la disminución progresiva del clero, la dureza del clima y otros factores que obligan a hacer un replanteamiento global tanto de la situación como de su remedio. Ya el Sínodo de 1993 tomó conciencia de esta realidad, si bien, en aquel momento se fijaba principalmente en la distribución del clero. Allí se dice, por ejemplo: "En algunos casos, las comunidades rurales, acostumbradas durante decenios a contar con la presencia de un párroco, no aceptan los necesarios reajustes en la atención pastoral que se les presta" (Sínodo 1993-1995, n. 350, 2; cf. 35, 2; 422; 431, 2-3; etc.).

Es necesario dar una respuesta

Para dar una respuesta a esta problemática y acoger una de la prioridades que señala el Sínodo (cf. 202, 3), debemos proponernos conseguir, a medio plazo, que las parroquias con menos recursos se puedan sostener económicamente en sus necesidades más urgentes y cotidianas con la ayuda solidaria de todas, en concreto en lo que se refiere al seguro de los edificios, la tasa de basuras, el pago de la inspección de las instalaciones eléctricas, la ITC de los templos y otros gastos.

El proyecto que se quiere poner en marcha no consiste en una acción puntual, sino que implica un proceso que necesitará su tiempo. El compromiso de los católicos de la diócesis de León, y también de personas de buena voluntad, en el mantenimiento de los templos y, en general, en la financiación de la Iglesia debe ser fruto de una tarea formativa continuada a lo largo del tiempo. Todos, clero diocesano, religiosos y fieles laicos, hemos de comprender que la participación en el sostenimiento económico de la respectiva parroquia, es un compromiso necesario y una responsabilidad en la que hemos de implicarnos más activamente. Recuérdese el 5º mandamiento de la Iglesia (“ayudar a las necesidades de la Iglesia”: cf. CEC 2043; CDC, c. 222).

El objetivo es conseguir la máxima colaboración económica por parte de los católicos practicantes de la diócesis de León, fundamentalmente a través de una asignación periódica mínima y fija por familia o persona, de manera libre, voluntaria y responsable. Esto hace necesaria una comunicación sencilla, continuada y directa de las parroquias con sus feligreses, orientada a modificar los hábitos que actualmente se tienen y a concienciar en la necesidad de participar en la financiación no sólo de las necesidades más urgentes, sino también de las permanentes.

Se trata, de manera especial, de que los católicos de las parroquias más grandes económicamente hablando, sacerdotes y demás fieles, tomen conciencia de la necesidad de ayudar a las más pequeñas y con menos medios, para que éstas puedan hacer frente a sus gastos básicos. Y todo ello por motivos que son obvios, desde la comunicación cristiana de bienes a la pura necesidad de conservación de las iglesias. La iniciativa está abierta también a las personas de buena voluntad e incluso a empresas y entidades mediante diferentes formas de asignación o patrocinio.

Propuestas de solución

Un punto de partida debe ser el poner los medios para dar a conocer a los diocesanos leoneses la importante y, en ocasiones, decisiva labor social que desempeñan las parroquias, no sólo desde una perspectiva espiritual, sino también material, cultural y patrimonial y, así, animarlos a ofrecer un respaldo económico a esta labor humanitaria y religiosa.

Se proponen varios niveles de financiación:

Solidaridad de las parroquias grandes con las más pequeñas, a través de un donativo anual destinado a sufragar los gastos de estas. Téngase en cuenta que en la diócesis contamos con 505 iglesias de núcleos de población (parroquias, filiales y anejos) con menos de 100 habitantes (62 % del total), de los cuales 131 no llegan a 25 habitantes (16’2 %).

Implicación de los fieles en general a través de una domiciliación bancaria de 3 euros al mes, además de los donativos del Día de la Iglesia diocesana” (2º ó 3º domingo de noviembre) y de una colecta especial dentro de los meses del verano.

Implicación de los hijos del pueblo que han emigrado, en el sostenimiento de la iglesia en la que fueron bautizados y en la que siguen celebrando la Misa dominical y otros actos sacramentales (comuniones, matrimonios, exequias).

 Aportación de las empresas, entidades o instituciones que tienen su sede en las parroquias más pobres, mediante donativos anuales o periódicos.

Confío en que esta iniciativa sea bien acogida en toda la diócesis. Estoy seguro de ello. Por eso quiero daros las gracias anticipadamente en nombre de todos los que formamos la comunidad diocesana. Ciertamente, habrá muchas familias a las que no les será posible ofrecer la aportación que desearían. Soy consciente de la situación de crisis económica que afecta especialmente a las economías más débiles. En este sentido pido que los que puedan, después de socorrer necesidades más perentorias, sean generosos también con su parroquia y diócesis. Con mi cordial saludo y bendición:

 

+ Julián, Obispo de León


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