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LA NUEVA IGLESIA PARROQUIAL DE SAN JUAN DE REGLA

Carta pastoral a los feligreses

Queridos Señor Cura Párroco, clero y feligreses de S. Juan de Regla:

Por fin podemos inaugurar el nuevo complejo parroquial, dedicando al Señor la moderna iglesia que va ser la sede de la comunidad cristiana que lleva el nombre del San Juan Bautista. El acontecimiento viene merece que me dirija a toda la comunidad parroquial que en estos días se prepara con alegría y esperanza para vivir una jornada inolvidable. Así lo espero y lo deseo.

Una parroquia con varias sedes a lo largo del tiempo

Vuestra parroquia tiene una larga historia. Estuvo situada durante siglos en la zona noroeste de nuestra Catedral, en la capilla llamada de San Nicolás, teniendo como filiales las iglesias de San Pedro de los Huertos y la de San Salvador del Nido (desaparecida). Posteriormente,  tuvo su sede en la iglesia de San Pedro de los Huertos y desde el 8 de diciembre de 1977 en los bajos del edificio de la calle José María Fernández, n. 21. Esta ha sido la manera de comenzar de las nuevas parroquias de León, aunque la vuestra es más antigua. El día 21 de febrero de 2005 se firmó la escritura de cesión del solar de 851’40 m2 por parte del Excmo. Ayuntamiento de León en la calle Jesús Fernández Espino del sector San Pedro.

El día 11 de febrero de 2007, domingo, a continuación de la Misa parroquial bendije la primera piedra en medio de la alegría de todos los que pudisteis estar presentes. Las obras se han prolongado más de lo esperado. Pero la construcción, proyectada por los arquitectos Mariano Sáenz de Miera y Jorge Díez García, ya está terminada. La planta tiene un diseño modernista en forma de elipse, determinada por la situación de la parcela, con una distribución muy centrada en el interior, representando una gran novedad en la arquitectura incluso actual de las últimas iglesias levantadas en León. Desde aquí quiero dar la gracias a todas las personas e instituciones que han hecho posible la obra y que han prestado su colaboración de una manera o de otra. La diócesis ha sufragado el coste mayor. La parroquia ha de contribuir también, como es de esperar.

El rico significado de las iglesias

Pero, ¿qué alcance tiene inaugurar una nueva iglesia para una comunidad parroquial que tiene ya una larga trayectoria pastoral? ¿Qué significado tiene la celebración de la dedicación o consagración del edificio eclesial y de sus elementos a Dios, en este caso bajo el histórico título de San Juan de Regla?

En efecto, la comunidad cristiana necesita disponer de un lugar adecuado para reunirse, escuchar la Palabra de Dios, celebrar la Eucaristía y los sacramentos, rezar individual y comunitariamente, y organizar y desarrollar sus actividades pastorales. Esta función la cumplen la iglesia y el complejo parroquial. Pero la iglesia tiene un significado simbólico -la palabra “iglesia” quiere decir precisamente “asamblea”-. La historia de la arquitectura religiosa refleja la evolución funcional y estética de los lugares de reunión de los cristianos desde los tiempos apostólicos, todavía en las casas de los fieles, hasta nuestros días. Por su parte, la liturgia ha creado para la dedicación de las iglesias al culto divino un rito solemnísimo y espléndido para expresar y realizar lo que significan los lugares de la celebración, comenzando por el edificio mismo.

Partiendo, pues, de que el edificio eclesial representa a la comunidad de los fieles edificada con “piedras vivas” sobre el fundamento que es Jesucristo mismo, simbolizado en el altar, la dedicación de una iglesia recorre los mismos pasos de la Iniciación a la vida cristiana de quien entra en la comunidad mediante el Bautismo. Es decir, de la misma manera que los sacramentos de la Iniciación consagran los comienzos de la dicha vida, así también la dedicación del edificio eclesial purifica con el agua el edificio (Bautismo),  consagra con el Santo Crisma el altar y las paredes de la iglesia (Confirmación) y, finalmente, culmina en la primera consagración eucarística y en la entronización del Santísimo Sacramento en el Sagrario (Eucaristía). Entre la aspersión con el agua, primero sobre los fieles, y los restantes ritos se desarrolla la Liturgia de la Palabra. Esta vine a recordarnos también la necesaria Catequesis, basada en la Sagrada Escritura, alimento de la fe para acceder a los sacramentos y para hacer realidad la vida cristiana.

Todo este rico significado lo expresa San Agustín en este breve fragmento de una homilía en la dedicación de una iglesia en Hipona, su diócesis: "Ésta es la casa de nuestras oraciones, pero la casa de Dios somos nosotros mismos. Por eso nosotros... nos vamos edificando durante esta vida, para ser consagrados al final de los tiempos. El edificio, o mejor, la construcción del edificio exige ciertamente trabajo; la consagración, en cambio, trae consigo el gozo. Lo que aquí se hacía, cuando se iba construyendo esta casa, sucede también cuando los creyentes se congregan en Cristo. Pues, al acceder a la fe, es como si se extrajeran de los montes y de los bosques las piedras y los troncos; y cuando reciben la catequesis y el bautismo, es como si fueran tallándose, alineándose y nivelándose por las manos de artífices y carpinteros. Pero no llegan a ser casa de Dios sino cuando se aglutinan en la caridad" (Sermón 336, 1).

Una nueva etapa y un estímulo para la renovación de la vida parroquial

Esta preciosa reflexión del Santo Doctor de la Iglesia sugiere también algo muy importante en estos momentos. Vais a tener una nueva iglesia y unas dependencias modernas y funcionales que mejoran notabilísimamente lo que teníais hasta ahora. ¿No es esta una ocasión también para que actualicéis vuestra vida cristiana como feligreses -“hijos de la Iglesia”, quiere decir esta palabra- y para se renueve también la comunidad parroquial?

Sin duda estaréis de acuerdo conmigo en que se abre una nueva etapa para la comunidad parroquial y que toda novedad encierra ilusión y esperanza. Lo piden y lo expresan también todos los elementos de la nueva construcción. La iglesia en forma elíptica, como abrazando a todos los fieles bajo la mirada del gran Crucifijo que la preside. Una gran cruz en lo alto de la fachada, llamativa e interpelante, que evoca la señal del cristiano que se hace primero en la frente y después en los labios y sobre el corazón: fe, plegaria, caridad. El altar, bajo el que van a reposar reliquias de varios mártires, una romana (Santa Dorotea), leoneses (Santos Claudio y Ramiro) y un español de nuestros días, el Beato Felipe J. Munárriz, superior de los PP. Claretianos de Barbastro (1936). El altar representa a Cristo y es, a la vez, ara del sacrificio y mesa de la comunión. El ambón, lugar de proclamación de la Palabra. La Sede, referencia al ministerio sacerdotal que preside en nombre de Jesucristo. El Sagrario, tabernáculo de la Presencia del Señor que nos espera siempre. El baptisterio con la Fuente bautismal y cerca de él la imagen de vuestro titular San Juan Bautista. La imagen de la Virgen, entre el Ambón, la Sede y el Altar, recordando que María siempre nos acompaña, como hizo con los Apóstoles en el Cenáculo.

Por eso espero de todos vosotros, dirigidos por vuestro párroco, con la ayuda del clero adscrito y con la colaboración del Consejo Pastoral y las asociaciones de fieles, participando activamente en los programas pastorales del Arciprestazgo y de la diócesis, que aprovechéis esta ocasión para reactivar todas las dimensiones de la labor parroquial en las diferentes áreas relacionadas con la difusión de la Palabra de Dios y la catequesis a todos los niveles, la celebración litúrgica y la piedad popular, la acción caritativa y la inserción en el barrio atenta a las necesidades humanas y sociales. Permitidme recomendaros, hoy especialmente, una pastoral misionera que se acerque a los alejados, a los jóvenes y a las familias con dificultades económicas.  No en vano tenéis como titular al Precursor de Nuestro Señor Jesucristo.

Encomiendo esta nueva andadura de vuestra Parroquia a la Santísima Virgen María bajo la doble advocación de Ntra. Señora de Regla y del Camino, a San Juan Bautista y a los Santos y Beatos leoneses.  Con una afectuosa felicitación en nombre de la Diócesis y en el mío propio, me complace invocar sobre cada uno de vosotros la bendición del Señor:

 

 

+ Julián, Obispo de León


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