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PRESBÍTEROS Y LAICOS,
SERVIDORES DE LA MISMA IGLESIA


Ante el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar

Queridos diocesanos:

La próxima solemnidad de Pentecostés nos invita a celebrar la efusión del Espíritu Santo sobre la Iglesia incipiente, representada por los Apóstoles reunidos con María y algunas mujeres. La venida del Espíritu supuso el lanzamiento de la misión evangelizadora y pastoral de la Iglesia.

Unido a esta fiesta se encuentra en España el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, que un año más nos invita a reconocer y agradecer la importancia real del laicado en la Iglesia. Esta vez se ha querido poner en relación el carisma de los fieles laicos con el ministerio ordenado, con motivo del Año sacerdotal. Se tiene en cuenta así la realidad rica y compleja del cuerpo de Cristo, dotado por el Espíritu Santo de carismas, ministerios y funciones (cf. 1 Cor 12, 4-6), fijándose en la relación entre el llamado sacerdocio común de todos los bautizados y el sacerdocio ministerial. Ambas formas de participación en el único sacerdocio de Jesucristo, aunque se distinguen en el grado de participación y especialmente en la esencia del don recibido, se ordenan el uno al otro como enseñó el Concilio Vaticano II (cf. LG 10).

No hace mucho tiempo el Papa Benedicto XVI recordaba ante un grupo de obispos en visita ad limina la relación y diferencia entre la misión propia de los fieles laicos y la de los sacerdotes. El marco común es la Iglesia, “comunidad sacerdotal estructurada orgánicamente”. En esta expresión del Concilio Vaticano II se condensa el hecho de que toda la comunidad eclesial participa del sacerdocio de Cristo. Esta participación tiene dos modos de realizarse “orgánicamente” entrelazados tanto en la estructura como en la misión de la Iglesia: el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial, como acabo de señalar.

En efecto, el ministerio de los presbíteros y de los obispos, basado en el sacramento del Orden, forma y acompaña a los fieles laicos para que ejerzan conscientemente su propia participación en el sacerdocio de Cristo, basada en el Bautismo y la Confirmación, no sólo en las celebraciones litúrgicas sino de manera especial en la ordenación de los asuntos temporales según el Evangelio, porque en esto constituye la tarea de los fieles laicos en la sociedad. En este sentido sacerdotes y seglares están al servicio de la Iglesia y de su misión evangelizadora y pastoral en el mundo. Se hace necesario, pues, el reconocimiento mutuo de los respectivos carismas y funciones, la colaboración sincera y, en definitiva, la vivencia profunda de la comunión eclesial basada en el amor cristiano, el principal fruto del Espíritu Santo.

Partiendo de la comunión eclesial en el amor debemos procurar todos la existencia de un laicado maduro, bien formado espiritualmente y entregado a la acción, que sea sal de la tierra, luz del mundo y levadura en la masa, como quería el Señor, un laicado con sentido de Iglesia y, a la vez, con conciencia de la secularidad de su condición y actuando con verdadera corresponsabilidad en la misión. Mi felicitación y gratitud en nombre de la Iglesia diocesana a los fieles laicos y a todo el Apostolado Seglar en la fiesta de Pentecostés. Con mi cordial saludo y bendición:

 

+ Julián, Obispo de León


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