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EL TESTIMONIO DEL BUEN PASTOR Y LAS VOCACIONES

Ante la Jornada eclesial de Oración por las Vocaciones

Queridos diocesanos:

El domingo IV de Pascua nos presenta a Jesucristo Resucitado bajo la entrañable figura del Buen Pastor, tan arraigada en la Biblia desde los tiempos más remotos. En efecto, Dios mismo era representado como el verdadero pastor de su pueblo: «El Señor es mi pastor, nada me falta» (Sal 23, 1). El futuro Mesías fue anunciado también con la imagen del pastor: «Mirad, viene… Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres » (Is 40, 11). Esta imagen ideal de pastor, llena de ternura, encuentra su plena realización en Cristo: “Yo soy el buen pastor… Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatara de mi mano» (Jn 10, 11. 27-28). Él mismo llamaba a sus discípulos «mi pequeño rebaño» (Lc 12, 32). Y Pedro llamará a Jesús «el pastor de nuestras almas» (1 Pe 2, 25).

En este Año sacerdotal parece obligado fijarse también en el título del buen pastor aplicado a los Apóstoles y a sus sucesores en el ministerio de las comunidades cristianas, es decir, a los obispos y a los presbíteros. Si el Señor anunció a sus primeros discípulos que los haría “pescadores de hombres”,  ¿estará fuera de lugar el que se les llame también “pastores de almas”? Creo que no, porque el Señor confió expresamente a sus Apóstoles la función de apacentar la grey de Dios (cf. Jn 21, 15ss.; 1 Pe5, 2). Y porque el propio pueblo cristiano ha llamado así a sus sacerdotes. Lo recordaba el Siervo de Dios Juan Pablo II al comienzo de su Exhortación Apostólica Pastores dabo vobis: “Os daré pastores según mi corazón” (Jer 3, 15). Con estas palabras Dios promete a su pueblo no dejarlo nunca privado de pastores que lo congreguen y lo guíen… Sabemos por la fe que la promesa del Señor no puede fallar”. En efecto, esta promesa infunde confianza y fortaleza ante las dificultades de la pastoral de las vocaciones y nos anima a rogar continuamente al Dueño de la mies (cf. Lc 10, 2).

Ahora bien, como subraya el Papa Benedicto XVI en el Mensaje para esta Jornada, “la fecundidad de la propuesta vocacional, en efecto, depende primariamente de la acción gratuita de Dios, pero, como confirma la experiencia pastoral, está favorecida también por la cualidad y la riqueza del testimonio personal y comunitario de cuantos han respondido ya a la llamada del Señor en el ministerio sacerdotal y en la vida consagrada, puesto que su testimonio puede suscitar en otros el deseo de corresponder con generosidad a la llamada de Cristo”.

           
De Jesús, Buen Pastor, el evangelio de este domingo subraya algunas características. La primera se refiere al conocimiento de sus ovejas: “Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen”. Y también la defensa de estas: “Nadie las arrebatará de mi mano”. Con estas imágenes Jesús quería decir que estaba muy unido a sus discípulos y que iba a dar su vida por ellos. De la misma manera los pastores de almas debemos estar muy cerca de los fieles que se nos han encomendado y estar dispuestos a darlo todo, la vida incluso, para que el enemigo no los arrastre a la perdición. Las actitudes del Buen Pastor serán, sin duda, germen de nuevas vocaciones que nacerán del testimonio ejemplar de los sacerdotes.

 

 

+ Julián, Obispo de León


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