León, 15 de abril de 2010
Queridos diocesanos:
El domingo 18 de abril pasará a los anales de la Iglesia Católica un hecho hasta ahora novedoso en las diócesis de la región. La beatificación de un joven sacerdote profeso jesuita, Bernardo de Hoyos, nacido en Torrelobatón (Valladolid) el 21 de agosto de 1711 y primer apóstol de la devoción al Corazón de Cristo en España. La beatificación es el reconocimiento oficial de la santidad de un bautizado que vivió en coherencia con el Evangelio ejerciendo las virtudes y valores cristianos en el más alto grado y al que, desde ese momento, se le llama beato y le puede dar culto dentro del ámbito de una o varias diócesis y familias religiosas. La beatificación la realiza el Papa, si bien la proclamación la hace un legado suyo, y constituye el preludio de la canonización. Esta supone la inscripción del beato en el Catálogo de los Santos, de manera que el culto se extiende ya a toda la Iglesia con el calificativo santo delante del nombre.
A los diez años Bernardo fue a estudiar al colegio de los jesuitas de Medina del Campo y, al año siguiente, a Villagarcía de Campos, sede del Noviciado de la Compañía de Jesús de la Provincia de Castilla. Allí sintió la llamada de Dios entrando en esta orden religiosa el 11 de julio de 1726 en busca del ideal de formarse perfecta imagen de Jesús. En 1731, con 20 años de edad, inició los estudios de teología en el Colegio de San Ambrosio de Valladolid. La lectura de un libro sobre el culto al Corazón de Cristo fue una revelación: “Sentí en mi espíritu un extraordinario movimiento, fuerte, suave y nada arrebatado ni impetuoso, con el cual me fui luego al punto delante del Señor Sacramentado a ofrecerme a su Corazón, para cooperar cuanto pudiese, a la extensión de su culto”, escribió él mismo. Poco después Bernardo percibió que esa era la voluntad del Señor “que quería, por mi medio, extender el culto de su Corazón sacrosanto para comunicar a muchos sus dones”. Con apenas 22 años se entregó a esta causa ayudado por otros jesuitas.
Los principales medios de difusión de la devoción al Corazón de Jesús fueron las misiones populares, la edición de pequeños libros y de estampas y las novenas. Bernardo preparó personalmente la primera novena que se hizo en Valladolid en honor del Sagrado Corazón en junio de 1735. Cinco meses más tarde, a causa de una epidemia de tifus, moría en la misma ciudad. No vio completada su obra, pero puso saber que los obispos ya habían pedido al Papa la introducción de la fiesta del Corazón de Jesús en España.
+ Julián, Obispo de León |